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domingo, 15 de diciembre de 2019



Cesare Pavese

The night you slept






The night you slept

También la noche se te parece,
la noche remota que llora,
muda, dentro del corazón profundo,
y pasan las estrellas cansadas.
Una mejilla toca a otra mejilla–
es un escalofrío, alguien
se debate y te implora, solo,
perdido en ti, en tu fiebre.

La noche sufre, y ansía el alba,
pobre corazón estremecido.
Rostro cerrado, oscura angustia,
fiebre que a las estrellas entristeces,
hay quien espera como tú el alba
escrutando tu rostro en silencio.
Estás tendida bajo la noche
como un cerrado horizonte muerto.
Pobre corazón estremecido,
un día lejano eras el alba.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Córdoba, 2012]

*

The night you slept

Anche la notte ti somiglia,
la notte remota che piange
muta, dentro il cuore profondo,
e le stelle passano stanche.
Una guancia tocca una guancia─
è un brivido freddo, qualcuno
si dibatte e t’implora, solo,
sperduto in te, nella tua febbre.

La notte soffre e anela l’alba,
povero cuore che sussulti.
O viso chiuso, buia angoscia,
febbre che rattristi le stelle,
c’è chi come te attende l’alba
scrutando il tuo viso in silenzio.
Sei distesa sotto la notte
come un chiuso orizzonte morto.
Povero cuore che sussulti,
un giorno lontano eri l’alba.

Cesare Pavese

[De “Verrà la morte e avrà i tuoi occhi”,
en Poesie del disamore, Einaudi, Torino, 1982]

viernes, 13 de diciembre de 2019



Cesare Pavese

El vino triste


Paul Cézanne, "Fumador"


El vino triste

Lo que cuesta es sentarse sin hacerse notar.
Todo el resto después viene solo. Tres sorbos
y regresa el deseo del pensamiento a solas.
Se extiende un horizonte de lejanos rumores,
cada cosa se esfuma, y se vuelve un milagro
estar vivo y mirar el vaso. Y el trabajo
(el hombre solitario no puede no pensar en el trabajo)
vuelve a ser el antiguo destino que es hermoso padecer
para poder pensarlo. Luego los ojos miran fijamente
en el aire, dolientes, como si fueran ciegos.

Si este hombre se levanta y va a casa a dormir,
parece un ciego que se ha perdido en la calle.
Puede salir cualquiera de un rincón y apalearlo.
Una joven y hermosa mujer puede salir
y tirarse en la calle bajo un hombre, gimiendo
como gemía en un tiempo con él una mujer.
Pero este hombre no ve. Va a su casa a dormir
y la vida no es más que un rumor de silencio.

Lo desnudan a este hombre unos miembros exhaustos
con pelambre brutal, aquí y allá. ¿Y quién
diría que en este hombre transcurren tibias venas
donde en un tiempo ardía la vida? Nadie ahora
creería que un tiempo una mujer acariciara
ese cuerpo, y besara ese cuerpo, que tiembla,
y lo mojara en lágrimas, ahora que ese hombre,
llega a casa a dormir, no puede, pero gime.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Villa Dolores, 13-XII-19]

*

Il vino triste

La fatica è sedersi senza farsi notare.
Tutto il resto poi viene da sé. Tre sorsate
e ritorna la voglia di pensarci da solo.
Si spalanca uno sfondo di lontani ronzii,
ogni cosa si sperde, e diventa un miracolo
esser nato e guardare il bicchiere. Il lavoro
(l’uomo solo non può non pensare al lavoro)
ridiventa l’antico destino che è bello soffrire
per poterci pensare. Poi gli occhi si fissano
a mezz’aria, dolenti, come fossero ciechi.

Se quest’uomo si rialza e va a casa a dormire,
pare un cieco che ha perso la strada. Chiunque
può sbucare da un angolo e pestarlo di colpi.
Può sbucare una donna e distendersi in strada,
bella e giovane, sotto un altr’uomo, gemendo
come un tempo una donna gemeva con lui.
Ma quest’uomo non vede. Va a casa a dormire
e la vita non è che un ronzio di silenzio.

A spogliarlo, quest’uomo, si trovano membra sfinite
e del pelo brutale, qua e là. Chi direbbe
che in quest’uomo trascorrono tiepide vene
dove un tempo la vita bruciava? Nessuno
crederebbe che un tempo una donna abbia fatto carezze
su quel corpo e baciato quel corpo, che trema,
e bagnato di lacrime, adesso che l’uomo
giunto a casa a dormire, non riesce, ma geme.

Cesare Pavese

[“Poesie del disamore (1934-1938),
en Poesie del disamore, Einaudi, Torino, 1982]

miércoles, 20 de marzo de 2019



Cesare Pavese

Lo steddazzu







Lo steddazzu


El hombre solitario se levanta
cuando el mar está oscuro todavía
y las estrellas ya vacilan. Sube
un tibio aliento de la orilla, donde
está el lecho del mar, que hace más suave
nuestra respiración. Ésta es la hora
en la que nada puede suceder.
Hasta la pipa entre los dientes pende
apagada. Es nocturno el rumor sumergido.
El hombre solo enciende un gran fuego de ramas,
lo mira enrojecer la tierra. El mar también
será, dentro de poco, un fuego deslumbrante.

No hay cosa más amarga que el alba de los días
en los que nada ocurrirá. No hay cosa
más amarga que la inutilidad.
En el cielo, cansada, hay una estrella
que pende, sorprendida por el alba, turquesa.
Mira el mar aún oscuro y la mancha del fuego
junto al cual se calienta, por hacer algo, el hombre;
mira y sale del sueño entre turbias montañas
con su lecho de nieve. La lentitud de la hora
es despiadada para quien ya no espera nada.

¿Vale la pena que el sol se alce del mar
y comience la larga jornada? Si mañana
volverá el alba tibia con la diáfana luz
y será como ayer y nunca nada
sucederá. El hombre solitario
sólo quiere dormir. Cuando la última estrella
en el cielo se apaga, lentamente
toma el hombre la pipa, la prepara y la enciende.


Cesare Pavese


[Versión de P. A.
Córdoba, 20-III-19]

*

Lo steddazzu


L’uomo solo si leva che il mare è ancor buio
e le stelle vacillano. Un tepore di fiato
sale su dalla riva, dov’è il letto del mare,
e addolcisce il respiro. Quest’è l’ora in cui nulla
può accadere. Perfino la pipa tra i denti
pende spenta. Notturno è il sommesso sciacquío.
L’uomo solo ha già acceso un gran fuoco di rami
e lo guarda arrossare il terreno. Anche il mare
tra non molto sarà come il fuoco, avvampante.

Non c’è cosa più amara che l’alba di un giorno
in cui nulla accadrà. Non c’è cosa più amara
che l’inutilità. Pende stanca nel cielo
una stella verdognola, sorpresa dall’alba.
Vede il mare ancor buio e la macchia di fuoco
a cui l’uomo, per fare qualcosa, si scalda;
vede, e cade dal sonno tra le fosche montagne
dov’è un letto di neve. La lentezza dell’ora
è spietata, per chi non aspetta più nulla.

Val la pena che il sole si levi dal mare
e la lunga giornata cominci? Domani
tornerà l’alba tiepida con la diafana luce
e sarà come ieri e mai nulla accadrà.
L’uomo solo vorrebbe soltanto dormire.
Quando l’ultima stella si spegne nel cielo,
l’uomo adagio prepara la pipa e l’accende.


Cesare Pavese


[“Steddazzu”, en dialecto calabrés, es Venus, el lucero del alba. El poema corresponde al período en que Pavese vivió como confinado político en Brancaleone Calabro, un pueblo junto al Mar Jónico, período recreado en su ‘nouvelle’ Il carcere, de Prima che il gallo canti, donde Stefano, el protagonista, tiene costumbres semejantes a la del personaje de este poema].

miércoles, 9 de enero de 2019



Cesare Pavese

Sueño





Sueño

¿Ríe tu cuerpo aún, a la aguda caricia
de la mano o del aire, y reencuentra en el aire
a veces otros cuerpos? Son tantos que regresan
de un temblor de la sangre, de una nada. Y el cuerpo
que se tendió a tu lado, te busca en esa nada.

Era un juego ligero imaginar que un día
la caricia del aire surgiría de nuevo
en recuerdo imprevisto, en la nada. Tu cuerpo
despertaría un día, tembloroso de amor
de su misma tibieza, bajo el alba desierta.
Un agudo recuerdo te habría recorrido
y una aguda sonrisa. ¿Aquella alba no vuelve?

Se te habría apretado a tu cuerpo en el aire
esa fresca caricia, en la íntima sangre,
y sabrías entonces que ese cálido instante
respondía en el alba a un diverso temblor,
un temblor de la nada. Lo habrías comprendido
como un día lejano ya sabías que un cuerpo
se tendía a tu lado.
                                Y dormías ligera
bajo un aire sonriente de cuerpos inasibles,
de una nada amorosa. Y la aguda sonrisa
te recorrió ensanchándote los ojos asombrados.
¿Nunca más regresó, de la nada, aquella alba?

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 05-I-19]

*

Sogno

Ride ancora il tuo corpo all'acuta carezza
della mano o dell'aria, e ritrova nell'aria
qualche volta altri corpi? Ne ritornano tanti
da un tremore dei sangue, da un nulla. Anche il corpo
che si stese al tuo fianco, ti ricerca in quel nulla.

Era un gioco leggero pensare che un giorno
la carezza dell'aria sarebbe riemersa
improvviso ricordo nel nulla. Il tuo corpo
si sarebbe svegliato un mattino, amoroso
del suo stesso tepore, sotto l'alba deserta.
Un acuto ricordo ti avrebbe percorsa
e un acuto sorriso. Quell'alba non torna?

Si sarebbe premuta al tuo corpo nell'aria
quella fresca carezza, nell'intimo sangue,
e tu avresti saputo che il tiepido istante
rispondeva nell'alba a un tremore diverso,
un tremore dal nulla. L'avresti saputo
come un giorno lontano sapevi che un corpo
era steso al tuo fianco.
                                     Dormivi leggera
sotto un'aria ridente di labili corpi,
amorosa di un nulla. E l'acuto sorriso
ti percorse sbarrandoti gli occhi stupiti.
Non è piú ritornata, dal nulla, quell'alba?

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
Opere di Cesare Pavese, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

martes, 8 de enero de 2019



Cesare Pavese

Poética




Poética

El chico se dio cuenta que el árbol está vivo.
Si las frágiles hojas a la fuerza se abren
una luz, desgarrando despiadadas la dura
corteza, ha de tener que sufrir demasiado.
Y sin embargo vive en silencio. Está todo,
todo el mundo poblado de plantas que padecen
en la luz, y no se oye ni siquiera un suspiro.
Es una tierna luz. El chico aún no sabe
de dónde viene, ya es de tarde; no obstante,
cada tronco resalta sobre un mágico fondo.
Un instante después ha oscurecido.

El chico ―hay quienes siguen por demasiado tiempo
niños― que le tenía miedo a la oscuridad,
va por las calles sin atender a las casas
que ensombrece el crepúsculo. Ladea la cabeza
para oír un recuerdo remoto. Están las calles
desiertas como plazas, y hay un grave silencio
que se adensa. El peatón podría hallarse solo
en un bosque de árboles enormes. Ya la luz
con un temblor recorre los faroles. Las casas
enceguecidas lucen en el vapor azul
y el chico alza los ojos. Es el mismo silencio
remoto que apretaba el aliento al peatón
éste que ha florecido en la luz imprevista.
Son los antiguos árboles del chico. Y es la luz
ese encanto de entonces.

                                           En el diáfano círculo,
alguien pasa en silencio. Nunca nadie en las calles
revela aquella pena que le muerde la vida.
Y van todos ligeros, cada cual pasa absorto
en su paso, y vacilan grandes sombras. Los rostros
tienen hondas estrías y dolientes ojeras,
pero nadie se queja. En la luz azulada,
mientras dura la noche, vagan entre las casas
sin fin, como si fueran por el medio de un bosque.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 02-I-19]

*

Poetica

Il ragazzo s’è accorto che l’albero vive.
Se le tenere foglie si schiudono a forza
una luce, rompendo spietate, la dura corteccia
deve troppo soffrire. Pure vive in silenzio.
Tutto il mondo è coperto di piante che soffrono
nella luce, e non s’ode nemmeno un sospiro.
È una tenera luce. Il ragazzo non sa
donde venga, è già sera; ma ogni tronco rileva
sopra un magico fondo. Dopo un attimo è buio.

Il ragazzo – qualcuno rimane ragazzo
troppo tempo – che aveva paura dei buio,
va per strada e non bada alle case imbrunite
nel crepuscolo. Piega la testa in ascolto
di un ricordo remoto. Nelle strade deserte
come piazze, s’accumula un grave silenzio.
Il passante potrebbe esser solo in un bosco,
dove gli alberi fossero enormi. La luce
con un brivido corre i lampioni. Le case
abbagliate traspaiono nel vapore azzurrino,
e il ragazzo alza gli occhi. Quel silenzio remoto
che stringeva il respiro al passante, è fiorito
nella luce improvvisa. Sono gli alberi antichi
del ragazzo. E la luce è l’incanto d’allora.

E comincia, nel diafano cerchio, qualcuno
a passare in silenzio. Per la strada nessuno
mai rivela la pena che gli morde la vita.
Vanno svelti, ciascuno come assorto nel passo,
e grandi ombre barcollano. Hanno visi solcati
e le occhiaie dolenti, ma nessuno si lagna.
Tutta quanta la notte, nella luce azzurrina,
vanno come in un bosco, tra le case infinite.

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
“Opere di Cesare Pavese”, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

viernes, 28 de diciembre de 2018



Cesare Pavese

Despertar


Renato Guttuso, La finestra dello studio (1956)



Despertar

Hasta el aire repite que ese día no vuelve.
La ventana desierta se embebe de frío
y de cielo. No sirve abrir la garganta
otra vez al antiguo aliento, como quien
se halla azorado, pero vivo. Ha terminado
la noche de nostalgias y de sueños.
Pero ese día ya no vuelve.

Vuelve a vivir el aire, con vigor inaudito,
el aire inmóvil, frío. La masa de plantas
encendida en el oro del final del verano
se azora ante la fuerza joven del cielo.
Se disuelve, al aliento del aire, toda forma
del verano, el espanto nocturno se ha extinguido.
En la noche el recuerdo del verano era un día
doloroso. Ese día se ha extinguido en nosotros.

Vuelve a vivir el aire, la garganta lo bebe
en la vaga ansiedad de un sabor ya gozado
que no vuelve. Y tampoco retorna la nostalgia
que esta noche ha nacido. La breve ventana
bebe el frío sabor que ha disuelto el verano.
Un vigor nos aguarda bajo el cielo desierto.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 28-XII-18]

*

Risveglio

Lo ripete anche l’aria che quel giorno non torna.
La finestra deserta s’imbeve di freddo
e di cielo. Non serve riaprire la gola
all’antico respiro, come chi si ritrovi
sbigottito ma vivo. È finita la notte
dei rimpianti e dei sogni. Ma quel giorno non torna.

Torna a vivere l’aria, con vigore inaudito,
l’aria immobile e fredda. La massa di piante
infuocata nell’oro dell’estate trascorsa
sbigottisce alla giovane forza del cielo.
Si dissolve al respiro dell’aria ogni forma
dell’estate e l’orrore notturno è svanito.
Nel ricordo notturno l’estate era un giorno
dolorante. Quel giorno è svanito, per noi.

Torna a vivere l’aria e la gola la beve
nella vaga ansietà di un sapore goduto
che non torna. E nemmeno non torna il rimpianto
ch’era nato stanotte. La breve finestra
beve il freddo sapore che ha dissolta l’estate.
Un vigore ci attende, sotto il cielo deserto.

Cesare Pavese

7-8 novembre 1937

[De Poesie del disamore e altre poesie disperse,
Opere di Cesare Pavese, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

jueves, 27 de diciembre de 2018



Cesare Pavese

La casa




La casa

El hombre solo escucha la voz calma,
con los párpados bajos, como si
una respiración le rozara la cara,
una respiración amiga, que retorna,
increíble, del tiempo más remoto.

El hombre solo escucha aquella voz antigua
que sus padres oyeron a lo largo del tiempo,
clara y recóndita, una voz que como
el verde de colinas y de estanques
al caer de la tarde se oscurece.

El hombre solo sabe de esa voz
de sombra, acariciante, que brota en tonos calmos
de un manantial secreto: y él la bebe
absorto, con los ojos cerrados, no parece
que la tuviera al lado.

Es la voz que detuvo un día al padre
de su padre, y a cada uno de
la sangre muerta. Una voz de mujer
que resuena secreta, en el umbral de casa,
cuando llega la noche.
                                                           
Cesare Pavese

[Versión de P. A.                          
Ranchos, 26-XII-18]

*

La casa

L’uomo solo ascolta la voce calma
con lo sguardo socchiuso, quasi un respiro
gli alitasse sul volto, un respiro amico
che risale, incredibile, dal tempo andato.

L’uomo solo ascolta la voce antica
che i suoi padri, nei tempi, hanno udito, chiara
e raccolta, una voce che come il verde
degli stagni e dei colli incupisce a sera.

L’uomo solo conosce una voce d’ombra,
carezzante, che sgorga nei toni calmi
di una polla segreta: la beve intento,
occhi chiusi, e non pare che l’abbia accanto.

E’ la voce che un giorno ha fermato il padre
di suo padre, e ciascuno del sangue morto.
Una voce di donna che suona segreta
sulla soglia di casa, al cadere del buio.

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
“Opere di Cesare Pavese”, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]