jueves, 2 de febrero de 2012

ROBERT LOWELL

Como un plátano a orillas del agua




“As a plane tree by the water” pertenece al primer período de la obra de Robert Lowell (Boston, 1917- Nueva York, 1977), caracterizado por una preocupación religiosa de entonación profética y una visión profundamente negativa sobre la condición del hombre en la contemporaneidad; en la artesanía compositiva, distingue a esta etapa su concienzudo trabajo con la métrica y la rima, el recurso a las estructuras cerradas (retoma, por ejemplo, la medieval sextina), como quien busca encontrar o crear a toda costa un orden en medio de la dispersión. Es un orden, sin embargo, que trasunta la tensión de los fuertes contrastes de las tribulaciones del ánimo del poeta, adoptando a menudo giros y antítesis más próximos del retorcimiento barroco que de cualquier sereno clasicismo.

El título del poema está tomado de un episodio del Eclesiástico, “Elogio de la sabiduría”, en el que se describe a través de una serie de comparaciones las gracias de la sabiduría divina. Reza el versículo en cuestión: “Como hermoso olivo en la llanura, / como plátano junto a las aguas” (Eclesiástico, 24, 19).

Vale la pena, creo, transcribir el conjunto en el que está inserto, de notable gracia y sensualidad figurativa (más notable aún por hablar de algo tan inasible, aparentemente, como la sapiencia), con trazo digno del autor del Cantar de los Cantares (además del Espíritu, se atribuye la redacción del Eclesiástico a Jesús, hijo de Sirac, en el 136 a.C.): “Como cedro del Líbano crecí, / como ciprés de los montes de Hermón. // Crecí como palma de Engadí, / como rosal de Jericó. // Como hermoso olivo en la llanura, / como plátano junto a las aguas. // Como la canela y el bálsamo aromático exhalé mi aroma / y como la mirra escogida di suave olor. // Como gálbano, estacte y alabastrino vaso de perfume, / como nube de incienso en el tabernáculo. // Como el terebinto extendí mis ramas, / ramas magníficas y graciosas. // Como vid eché hermosos sarmientos / y mis flores dieron sabrosas y ricos frutos. // Yo soy la madre del amor, / del temor, de la ciencia y de la santa esperanza. // Venid a mí cuantos me deseáis / y saciaos de mis frutos. // Porque recordarme es más dulce que la miel, / y poseerme, más rico que el panal de miel. // Los que me coman quedarán con hambre de mí, / y los que me beban quedarán de mí sedientos. // El que me escucha jamás será confundido, / y los que me sirven no pecarán.” (Eclesiástico, 24, 17-30).

Tal como podrá advertirse luego de la lectura del poema de Lowell, esta sabiduría cuyo solo recuerdo sabe más dulce que la miel, es el plátano que se encuentra asediado por las moscas ―esas primas sin suerte, sin gracia, de la abeja―, acólitas simbólicas del Mal, en la nueva Babel de Boston, reino del oro que habla, impera y multiplica las tinieblas y de una laboriosidad que sólo conduce a la esclavitud y a la miseria espiritual. En la última estrofa, puede atisbarse asimismo un vaticinio acerca de la expansión del dominio babélico, identificado sin más con el infierno, sobre las aguas del Atlántico, sobre Europa, y a la vez se asigna al canto del poeta una función redentora, propiciadora de la resurrección en el presente del Dios muerto.



AS A PLANE TREE BY THE WATER


Darkness has called to darkness, and disgrace
Elbows about our windows in this planned
Babel of Boston where our money talks
And multiplies the darkness of a land
Of preparation where the Virgin walks
And roses spiral her enamelled face
Or fall to splinters on unwatered streets.
Our Lady of Babylon, go by, go by,
I was once the apple of your eye;
Flies, flies are on the plane tree, on the streets.

The flies, the flies, the flies of Babylon
Buzz in my ear-drums while the devil's long
Dirge of the people detonates the hour
For floating cities where his golden tongue
Enchants the masons of the Babel Tower
To raise tomorrow's city to the sun
That never sets upon these hell-fire streets
Of Boston, where the sunlight is a sword
Striking at the withholder of the Lord:
Flies, flies are on the plane tree, on the streets.

Flies strike the miraculous waters of the iced
Atlantic and the eyes of Bernadette
Who saw Our Lady standing in the cave
At Massablelle, saw her so squarely that
Her vision put out reason's eyes.
The grave Is open-mouthed and swallowed up in Christ.
O walls of Jericho! And all the streets
To our Atlantic wall are singing: "Sing,
Sing for the resurrection of the King."
Flies, flies are on the plane tree, on the streets.


*


COMO UN PLÁTANO A ORILLAS DEL AGUA


Las tinieblas trajeron más tinieblas, y asedia
La infamia nuestras casas, aquí, en la organizada
Babel de Boston, donde nuestras monedas hablan
Y multiplican las tinieblas de una tierra
De adviento por la cual la Virgen se pasea
Y las rosas le nimban el esmalte del rostro
O trizadas descienden a las calles resecas.
Pasa, Nuestra Señora de Babilonia, pasa,
Yo he sido alguna vez la niña de tus ojos;
Moscas en torno al plátano, moscas sobre las calles.

Moscas, zumban las moscas, moscas de Babilonia,
En mis tímpanos, mientras el treno del demonio
Que propaga el gentío hace estallar la hora
En aéreas ciudades donde su lengua áurea
Embruja a los obreros que la Torre levantan
De Babel para que alcen la ciudad del mañana
Hacia un sol sin ocaso, éste que arde en las calles
Infernales de Boston: aquí la luz del sol
Es espada que hostiga al testigo de Dios;
Moscas en torno al plátano, moscas sobre las calles.

Y se plagan de moscas las aguas milagrosas
Y heladas del Atlántico, sobre los ojos zumban
De Bernadette, que vieron de pie en aquella gruta
De Massabielle a Nuestra Señora, y su visión
Cegó de luz los ojos de la razón. La tumba
Está abierta y sumida en Cristo. ¡Oh Jericó
Amurallada! Y todas las calles hacia el muro
Del Atlántico entonan: “Por la resurrección
Del Rey haz que resuene tu voz, canta tu canto.”
Moscas en torno al plátano, moscas sobre las calles.



[Versión y nota de P. A.
Córdoba, 30 de agosto, 2009 - 30 de enero, 2012]

martes, 31 de enero de 2012

Nota de duermevela

a Ana Paula Skoczynski


[Oskar Kokochska, La novia del viento o La Tempestad]

Hace un momento, luego de apagar la luz, le tomé la muñeca a Ana Paula, que ya dormía, intentando percibir su pulso. De pronto, en medio de la oscuridad del cuarto, mientras giraban en el techo las aspas del ventilador y más allá, ignorados, los astros en la infinitud del cielo, sentí que se insinuaba en mi mente la poesía, y que la poesía era eso, más o menos: el símbolo (una música, un rumor, un símbolo). Símbolo, en este caso, de no sabría decir exactamente qué, quizás del desamparo de la vida humana, de dos seres destinados a morir unidos en la sombra por los tenues y ciegos latidos de la sangre, o algún otro sentido indefinible. Fue un instante nada más, que sin embargo me conmovió de extrañeza y de piedad por la fragilidad intensa de la vida y del amor. Luego, en sueños, ella se giró y me retiró su brazo. Sentí de nuevo la tentación del símbolo, esta vez dolorosamente. Me dije, con todo, que ella estaba dormida, que no había sido un gesto voluntario, etc. Así también, pienso ahora, interviene la razón crítica – salvadora, en este caso – y destruye el símbolo de la razón poética.



[Córdoba, 29-I-12]

domingo, 22 de enero de 2012

Luego de escuchar el
Concierto para violín en re mayor
de Ludwig van Beethoven




Estuve escuchando el Concierto para violín en re mayor de Beethoven. Como me ha ocurrido otras veces, en especial – no sé por qué – con las obras de Mahler o al leer a algunos poetas, y como recuerdo que me ocurrió por primera vez, en la adolescencia, al escuchar en la oscuridad de mi habitación, en el viejo Wincofón, la sinfonía “Heroica” de Beethoven dirigida por Toscanini, sentí aquello que José Martí expresa sencilla e inmejorablemente en esos versos encabalgados del poema “Dos patrias”: “…Las ventanas / abro, ya estrecho en mí.”
   Es una extraña sensación, la de algo poderoso que se abre paso en el pecho como una marejada, que busca salida como un animal acorralado.
   Luego, y quizá más importante que esta sensación, imponente pero pasajera al fin, es la impresión duradera – en el sentido físico, etimológico, de la palabra “impresión” – que esas obras dejan en el ánimo: la honda huella o marca de la grandeza humana, la constatación – no resultado de la reflexión, sino una percepción tan directa como ver una montaña o quemarse con el fuego – de que tales obras sólo pueden surgir de mentes, almas, espíritus, psiquis – como se quiera – de una extraordinaria capacidad de sufrimiento, gozo, concentración, creatividad, observación, imaginación…
   Esa impresión, por otra parte, ejerce un poder emulativo en nosotros, traza un paradigma moral, no porque nos diga cómo comportarnos, qué hacer y qué no hacer, sino porque nos impulsa (iba a escribir “obliga”, y aún dudo si no será la palabra justa) a exigirnos, a ir hasta el fondo de las cosas, a tomar la vida en serio, incluso en la risa, la burla de uno mismo y la alegría, que son a veces la cosa más seria del mundo. Sin imposición alguna, con la sola presencia de su grandeza artística, tácitamente diseñan una jerarquía espiritual. Por unos minutos – según la apreciación más bien escéptica de Leopardi – no podemos ser indignos de lo que hemos leído u oído.


[Córdoba, 7-VI-2011]

miércoles, 18 de enero de 2012

ROBERT FROST

Los espacios desiertos





Desert places


Snow falling and night falling fast, oh, fast
In a field I looked into going past,
And the ground almost covered smooth in snow,
But a few weeds and stubble showing last.

The woods around it have it ─ it is theirs.
All animal are smothered in their lairs.
I am too absent-spirited to count;
The loneliness includes me unawares.

And lonely as it that loneliness
Will be more lonely ere it will be less─
A blanker whiteness of benighted snow
With no expression, nothing to express.

They cannot scare me with their empty spaces
Between stars ─ on stars where no human race is.
I have it in me so much nearer home
To scare myself with my own desert places.



Cabaña de Robert Frost
en Ripton, Vermont



Los espacios desiertos


Descendía la nieve, la noche descendía
Tan rápido, en un campo contemplado al pasar,
Y el suelo era una lámina tersa y clara de nieve,
Salvo algunos manchones de arbustos y rastrojos.

Alrededor los bosques son de nieve ─ es de ellos.
Todos los animales están en sus guaridas.
Yo casi ya no cuento en mi ausente desánimo;
Inadvertidamente, la soledad me incluye.

Y aunque es tan solitaria aquella soledad
Más solitaria fuera si faltara la nieve:
Una vacua blancura de nieve anochecida
Sin expresión alguna, sin nada que decir.

No van a intimidarme sus espacios vacíos
Entre los astros ―astros sin huellas de lo humano.
Más cerca aún que mi casa, tengo dentro de mí
Cosas para espantarme en mis páramos íntimos.



Versión de P. A.
Alta Gracia, 2005-2006

jueves, 12 de enero de 2012

CESARE PAVESE

The cats will know





The cats will know


Ancora cadrà la pioggia
sui tuoi dolci selciati,
una pioggia leggera
come un alito o un passo.
Ancora la brezza e l’alba
fioriranno leggere
come sotto il tuo passo,
quando tu rientrerai.
Tra fiori e davanzali
i gatti lo sapranno.

Ci saranno altri giorni,
ci saranno altre voci.
Sorriderai da sola.
I gatti lo sapranno.
Udrai parole antiche,
parole stanche e vane
come i costumi smessi
delle feste di ieri.

Farai gesti anche tu.
Risponderai parole –
viso di primavera,
farai gesti anche tu.

I gatti lo sapranno,
viso di primavera;
e la pioggia leggera,
l’alba color giacinto,
che dilaniano il cuore
di chi piú non ti spera,
sono il triste sorriso
che sorridi da sola.
Ci saranno altri giorni,
altre voci e risvegli.
Soffriremo nell’alba,
viso di primavera.



*


The cats will know


Aún caerá la lluvia
en tu dulce empedrado,
una lluvia ligera
como un hálito o un paso.
Aún la brisa y el alba
florecerán tan leves
como bajo tu paso,
cuando vuelvas a entrar.
Entre flores y alféizares
los gatos lo sabrán.

Serán otros los días,
serán otras las voces.
Sonreirás a solas.
Los gatos lo sabrán.
Oirás palabras antiguas,
palabras cansadas y vanas
como los viejos trajes
de las fiestas de ayer.

Tú también harás gestos.
Responderás palabras –
rostro de primavera,
tú también harás gestos.

Los gatos lo sabrán,
rostro de primavera;
y la lluvia ligera,
el alba de jacinto,
que el corazón desgarran
de quien ya no te espera,
son la triste sonrisa
que sonríes a solas.
Y vendrán otros días,
otras voces y asombros.
Sufriremos al alba,
rostro de primavera.



De Poesie del disamore
e altre poesie disperse
(Einaudi, Turín, 1982)



Versión de P. A.
Alta Gracia - Córdoba, 2009

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Releyendo a Seferis en la noche





Releyendo a Seferis en la noche


Releyendo a Seferis en la noche
Después de tantos años, mientras duerme
Una joven mujer junto a tu almohada
Y entre los labios pende, ya apagada, la pipa.

Recostada a sus pies, la gata negra
Sueña también, también suspira a veces
Como si se quejara. En la ventana
Se arremolina ciego el enjambre de estrellas.

Cuánta vida perdida en estos años,
Cuánto daño que hiciste y que te han hecho,
Cuánta obra no escrita, cuánta inútil

Dispersión en el viento de la época…
Pero vuelve, más hondo ahora, su verso:
“En el fondo soy cosa de la luz”.



P.A.
Córdoba, 8-IX-2011

martes, 6 de diciembre de 2011

El ángel justiciero




Lenta, muy lentamente vamos dando forma, con todas nuestras frustraciones, con todas nuestras ilusiones, a los ángeles justicieros que un día, el día menos pensado, el día o la noche en que sueñe la razón, en un abrir y cerrar de ojos se convertirán en nuestros ángeles exterminadores. La historia moderna está sembrada de sus víctimas, pero pareciera inútil todo recuerdo, toda advertencia: ni Laocoonte ni Casandra pudieron salvar a Troya.


P.A.
Córdoba, 6-XII-11