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domingo, 6 de diciembre de 2020

 

Eugenio Montale

 

Mi Musa

 


 

 

Mi Musa

 

Mi Musa está lejana: se diría

(es lo que muchos piensan) que nunca haya existido.

Si alguna hubo, ahora viste de espantapájaros

izado a duras penas sobre alambres de parras.

 

Flamea como puede; resistió a los monzones

manteniéndose erguida, sólo un poco agobiada.

Si el viento amaina sabe todavía agitarse

como si me dijera “camina, sin temor,

mientras te pueda ver te daré vida”.

 

Mi Musa hace ya tiempo ha dejado un desván

de sastrería teatral; y era atuendo de lujo

aquel que ella vestía. De mí mismo colmada

se paseaba orgullosa. Hoy tiene aún una manga

y con ella dirige su cuarteto

de cañas. Es la sola música que soporto.

 

Eugenio Montale

 

[Versión de P. A.

Córdoba, 25-XI-20]

 

*

 

La mia Musa

 

La mia Musa è lontana: si direbbe

(è il pensiero dei piú) che mai sia esistita.

Se pure una ne fu, indossa i panni dello spaventacchio

alzato a malapena su una scacchiera di viti.

 

Sventola come può; ha resistito a monsoni

restando ritta, solo un po’ ingobbita.

Se il vento cala sa agitarsi ancora

quasi a dirmi cammina non temere,

finché potrò vederti ti darò vita.

 

La mia Musa ha lasciato da tempo un ripostiglio

di sartoria teatrale; ed era d’alto bordo

chi di lei si vestiva. Un giorno fu riempita

di me e ne andò fiera. Ora ha ancora una manica

e con quella dirige un suo quartetto

di cannucce. È la sola musica che sopporto.

 

Eugenio Montale

 

[Da "Diario del '71 e del '72",

in: L'opera in versi, Einaudi, Torino, 1980]


martes, 26 de noviembre de 2019



Eugenio Montale

El Arno en Rovezzano





El Arno en Rovezzano

Los grandes ríos son la imagen del tiempo,
impersonal y cruel. Cuando se los observa
desde un puente, declaran su nulidad inexorable.
Sólo el meandro vacilante
de un juncal pantanoso, algún espejo
que reluce entre espesos matorrales y musgo
puede mostrar que el agua
como nosotros se piensa a sí misma
antes de convertirse en turbulencia y vórtice.
Tanto tiempo ha pasado, y nada ha transcurrido
desde que te cantaba al teléfono “tú
que te haces la dormida”, con triple carcajada.
Tu casa era un relámpago visto al pasar del tren.
Curvada sobre el Arno como el árbol de Judas
que la quería proteger. Tal vez
esté aún, o ya sea nada más que una ruina.
Toda llena de insectos, me decías,
inhabitable. Ahora es otro el bienestar
con que contamos, otro el malestar.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba, 26-XI-19]

*

L' Arno a Rovezzano

I grandi fiumi sono l’immagine del tempo,
crudele e impersonale. Osservati da un ponte
dichiarano la loro nullità inesorabile.
Solo l’ansa esitante di qualche paludoso
giuncheto, qualche specchio
che riluca tra folte sterpaglie e borraccina
può svelare che l’acqua come noi pensa se stessa
prima di farsi vortice e rapina.
Tanto tempo è passato, nulla è scorso
da quando ti cantavo al telefono “tu
che fai l’addormentata” col triplice cachinno.
La tua casa era un lampo visto dal treno. Curva
sull’Arno come l’albero di Giuda
che voleva proteggerla. Forse c’è ancora o
non è che una rovina. Tutta piena,
mi dicevi, di insetti, inabitabile.
Altro comfort fa per noi ora, altro
sconforto.

Eugenio Montale

[De Satura,
Mondadori, Milán, 1971]

viernes, 1 de noviembre de 2019



Eugenio Montale

Rechina la roldana del aljibe…


Eugenio Montale - Cigola la carrucola del pozzo



Rechina la roldana del aljibe…

Rechina la roldana del aljibe,
sube a la luz el agua y se hace luz.
Tiembla un recuerdo sobre el balde lleno,
ríe una imagen en el puro círculo.

Acerco el rostro a evanescentes labios:
lo que fue se deforma y vuelve viejo,
le pertenece a otro...
                                      Ah, ya chirría
la rueda, y a otro fondo te devuelve,
visión, una distancia nos divide.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba, 01-XI-19]

*

Cigola la carrucola del pozzo...

Cigola la carrucola del pozzo,
l'acqua sale alla luce e vi si fonde.
Trema un ricordo nel ricolmo secchio,
nel puro cerchio un'immagine ride.
Accosto il volto ad evanescenti labbri:
si deforma il passato, si fa vecchio,
appartiene ad un altro...
                                       Ah che già stride
la ruota, ti ridona all'atro fondo,
visione, una distanza ci divide.

Eugenio Montale

[De Ossi di seppia, 1925,
en L’opera in versi, Einaudi, 1981,
Edizione critica a cura di
Rosanna Bettarini e Gianfranco Contini]

domingo, 13 de octubre de 2019



Eugenio Montale

La casa de los aduaneros





La casa de los aduaneros

Ya no te acuerdas de la casa de los aduaneros
en el acantilado sobre la escollera:
desolada te espera
desde la noche en que vinieron
tus pensamientos en enjambre a ella
y en ella se quedaron, sin sosiego.

El viento sur azota desde hace años
los viejos muros, y el rumor de tu risa
dejó de ser alegre: enloquecida
gira la brújula al azar y el cálculo
de los dados no da la cifra exacta.
Ya no recuerdas; otro tiempo altera
tu memoria, y un hilo se devana.

De aquel hilo sostengo todavía
un extremo; no obstante, ya se aleja
la casa y sobre el techo la veleta
ahumada da vueltas sin piedad.
Tengo un extremo; pero tú te quedas
sola, no alientas en la oscuridad.

¡Oh el horizonte en fuga, donde brilla
rara la luz del petrolero!
¿Aquí es el paso? (Bulle la rompiente
aún sobre la costa que desciende…)
No recuerdas la casa de esta noche mía.
Y yo no sé quién parte y quién se queda.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Villa Dolores, 13-X-19]

*

La casa dei doganieri

Tu non ricordi la casa dei doganieri
sul rialzo a strapiombo sulla scogliera:
desolata t'attende dalla sera,
in cui v'entrò lo sciame dei tuoi pensieri
e vi sostò irrequieto.

Libeccio sferza da anni le vecchie mura
e il suono del tuo riso non è più lieto:
la bussola va impazzita all'avventura
e il calcolo dei dadi più non torna.
Tu non ricordi; altro tempo frastorna
la tua memoria; un filo s'addipana.

Ne tengo ancora un capo; ma s'allontana
la casa e in cima al tetto la banderuola
affumicata gira senza pietà.
Ne tengo un capo; ma tu resti sola
né qui respiri nell'oscurità.

Oh l'orizzonte in fuga, dove s'accende
rara la luce della petroliera!
Il varco è qui? (Ripullula il frangente
ancora sulla balza che scoscende...).
Tu non ricordi la casa di questa
mia sera. Ed io non so chi va e chi resta.

Eugenio Montale

[De La casa dei doganieri e altri versi,
Vallecchi, Firenze, 1932,
luego en Le occasioni, Torino, Einaudi, 1939]

sábado, 24 de febrero de 2018



Eugenio Montale

Pequeño testamento





Pequeño testamento

Esto que por la noche refucila
en el casquete de mi pensamiento,
huella de caracol, madreperlácea,
o esmeriles de vidrio tritutado,
no es la lumbre de iglesia o de taller
que alimenta
clérigo rojo, o negro.
Tan sólo este iris
puedo dejarte como testimonio
de una fe combatida, una esperanza
que ardió más lenta
que un duro leño en el hogar.
Conserva su rubor en la polvera
cuando, apagada toda lámpara,
la sardana se volverá infernal
y un Lucifer sombrío
descenderá sobre una proa
del Támesis, del Hudson o del Sena,
sacudiendo las alas de betún
casi estropeadas de fatiga,
para decirte: ya es la hora.
No es una herencia, sino un amuleto
que puede resistir
a una embestida de monzones
sobre el hilo de araña del recuerdo,
pero una historia no perdura más
que en la ceniza, y persistencia
es sólo la extinción.
Justo era el signo: quien lo haya advertido
no puede equivocarse al encontrarte.
Reconoce a los suyos cada cual:
no era fuga el orgullo, no era vil
la humildad, y ese tenue resplandor
allá abajo, frotado, no era un fósforo.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba-Ranchos, 22/23-II-18]

*

Piccolo testamento

Questo che a notte balugina
Nella calotta del mio pensiero,
traccia madreperlacea di lumaca
o smeriglio di vetro calpestato,
non è lume di chiesa o d’officina
che alimenti
chierico rosso, o nero.
Solo quest’iride posso
lasciarti a testimonianza
d’una fede che fu combattuta,
d’una speranza che bruciò più lenta
di un duro ceppo nel focolare.
Conservane la cipria nello specchietto
quando spenta ogni lampada
la sardana si farà infernale
e un ombroso Lucifero scenderà su una prora
del Tamigi, dell’Hudson, della Senna
scuotendo l’ali di bitume semi-
mozze dalla fatica, a dirti: è l’ora.
Non è un’eredità, un portafortuna
che può reggere all’urto dei monsoni
sul fil di ragno della memoria,
ma una storia non dura che nella cenere
e persistenza è solo l’estinzione.
Giusto era il segno: chi l’ha ravvisato
non può fallire nel ritrovarti.
Ognuno riconosce i suoi: l’orgoglio
non era fuga, l’umiltà non era
vile, il tenue bagliore strofinato
laggiù non era quello di un fiammifero.

Eugenio Montale

[De La bufera e altro,
Opera in versi, Einaudi, Turín, 1980]


jueves, 2 de noviembre de 2017


Eugenio Montale

La tempestad





La tempestad

           Les princes n'ont point d'yeux pour voir grand's merveilles,
           Leurs mains ne servent plus qu'à nous persécuter...
                 
             Agrippa d'Aubigné, A Dieu



La tempestad que sobre las espesas
hojas de la magnolia ya descarga
largos truenos de marzo y el granizo,

(el resonar de vidrios en tu nido
nocturno te sorprende, de aquel oro
que se ha apagado sobre la caoba,
sobre el tajo en el libro encuadernado,
arde aún en el cuenco de tus párpados
un granito de azúcar)

el rayo que confita
el follaje y los muros, los sorprende
en esa eternidad de instante ―mármol
maná y devastación― que en ti esculpida
llevas como condena y que te ata
a mí más que el amor, mi rara hermana

―y luego el rudo estrépito,
los sistros, el bramar de tamboriles
sobre la fosa fosca, el pisotear
del fandango, y en lo alto
gestos como de brazos que se hunden…

Como cuando te diste vuelta, libre
la frente de la nube de tu pelo,
me saludaste con la mano

―antes de entrar entre las sombras.


Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba, 02-XI-17]


*


La bufera

         Les princes n'ont point d'yeux pour voir grand's merveilles,
         Leurs mains ne servent plus qu'à nous persécuter...
                      
            Agrippa d'Aubigné, A Dieu



La bufera che sgronda sulle foglie
dure della magnolia i lunghi tuoni
marzolini e la grandine,

(i suoni di cristallo nel tuo nido
notturno ti sorprendono, dell'oro
che s'è spento sui mogani, sul taglio
dei libri rilegati, brucia ancora
una grana di zucchero nel guscio
delle tue palpebre)

il lampo che candisce
alberi e muro e li sorprende in quella
eternità d'istante ― marmo manna
e distruzione ― ch'entro te scolpita
porti per tua condanna e che ti lega
più che l'amore a me, strana sorella, ―

e poi lo schianto rude, i sistri, il fremere
dei tamburelli sulla fossa fuia,
lo scalpicciare del fandango, e sopra
qualche gesto che annaspa...

                                               Come quando
ti rivolgesti e con la mano, sgombra
la fronte dalla nube dei capelli,

mi salutasti ― per entrar nel buio.


Eugenio Montale


[De La bufera e altro (1940-1954),
L’opera in versi, Einaudi, Torino, 1980]

miércoles, 1 de noviembre de 2017


Eugenio Montale

A Liuba que parte







A Liuba que parte


No el grillo sino el gato del hogar
es el que ahora te aconseja, lar
espléndido de tu familia dispersada.
La casa que transportas
contigo, envuelta, ¿jaula o sombrerera?,
remonta ciegos tiempos como el arca
frágil las olas ―y ella basta para salvarte.


Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba, 01-XI-17]


*


A Liuba che parte


Non il grillo ma il gatto
del focolare
or ti consiglia, splendido
lare della dispersa tua famiglia.
La casa che tu rechi
con te ravvolta, gabbia o cappelliera?
sovrasta i ciechi tempi come il flutto
arca leggera – e basta al tuo riscatto.


Eugenio Montale

[De Le occasioni (1928-1939),
L’opera in versi, Einaudi, Torino, 1980]