miércoles, 9 de enero de 2019



Cesare Pavese

Sueño





Sueño

¿Ríe tu cuerpo aún, a la aguda caricia
de la mano o del aire, y reencuentra en el aire
a veces otros cuerpos? Son tantos que regresan
de un temblor de la sangre, de una nada. Y el cuerpo
que se tendió a tu lado, te busca en esa nada.

Era un juego ligero imaginar que un día
la caricia del aire surgiría de nuevo
en recuerdo imprevisto, en la nada. Tu cuerpo
despertaría un día, tembloroso de amor
de su misma tibieza, bajo el alba desierta.
Un agudo recuerdo te habría recorrido
y una aguda sonrisa. ¿Aquella alba no vuelve?

Se te habría apretado a tu cuerpo en el aire
esa fresca caricia, en la íntima sangre,
y sabrías entonces que ese cálido instante
respondía en el alba a un diverso temblor,
un temblor de la nada. Lo habrías comprendido
como un día lejano ya sabías que un cuerpo
se tendía a tu lado.
                                Y dormías ligera
bajo un aire sonriente de cuerpos inasibles,
de una nada amorosa. Y la aguda sonrisa
te recorrió ensanchándote los ojos asombrados.
¿Nunca más regresó, de la nada, aquella alba?

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 05-I-19]

*

Sogno

Ride ancora il tuo corpo all'acuta carezza
della mano o dell'aria, e ritrova nell'aria
qualche volta altri corpi? Ne ritornano tanti
da un tremore dei sangue, da un nulla. Anche il corpo
che si stese al tuo fianco, ti ricerca in quel nulla.

Era un gioco leggero pensare che un giorno
la carezza dell'aria sarebbe riemersa
improvviso ricordo nel nulla. Il tuo corpo
si sarebbe svegliato un mattino, amoroso
del suo stesso tepore, sotto l'alba deserta.
Un acuto ricordo ti avrebbe percorsa
e un acuto sorriso. Quell'alba non torna?

Si sarebbe premuta al tuo corpo nell'aria
quella fresca carezza, nell'intimo sangue,
e tu avresti saputo che il tiepido istante
rispondeva nell'alba a un tremore diverso,
un tremore dal nulla. L'avresti saputo
come un giorno lontano sapevi che un corpo
era steso al tuo fianco.
                                     Dormivi leggera
sotto un'aria ridente di labili corpi,
amorosa di un nulla. E l'acuto sorriso
ti percorse sbarrandoti gli occhi stupiti.
Non è piú ritornata, dal nulla, quell'alba?

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
Opere di Cesare Pavese, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

martes, 8 de enero de 2019



Cesare Pavese

Poética




Poética

El chico se dio cuenta que el árbol está vivo.
Si las frágiles hojas a la fuerza se abren
una luz, desgarrando despiadadas la dura
corteza, ha de tener que sufrir demasiado.
Y sin embargo vive en silencio. Está todo,
todo el mundo poblado de plantas que padecen
en la luz, y no se oye ni siquiera un suspiro.
Es una tierna luz. El chico aún no sabe
de dónde viene, ya es de tarde; no obstante,
cada tronco resalta sobre un mágico fondo.
Un instante después ha oscurecido.

El chico ―hay quienes siguen por demasiado tiempo
niños― que le tenía miedo a la oscuridad,
va por las calles sin atender a las casas
que ensombrece el crepúsculo. Ladea la cabeza
para oír un recuerdo remoto. Están las calles
desiertas como plazas, y hay un grave silencio
que se adensa. El peatón podría hallarse solo
en un bosque de árboles enormes. Ya la luz
con un temblor recorre los faroles. Las casas
enceguecidas lucen en el vapor azul
y el chico alza los ojos. Es el mismo silencio
remoto que apretaba el aliento al peatón
éste que ha florecido en la luz imprevista.
Son los antiguos árboles del chico. Y es la luz
ese encanto de entonces.

                                           En el diáfano círculo,
alguien pasa en silencio. Nunca nadie en las calles
revela aquella pena que le muerde la vida.
Y van todos ligeros, cada cual pasa absorto
en su paso, y vacilan grandes sombras. Los rostros
tienen hondas estrías y dolientes ojeras,
pero nadie se queja. En la luz azulada,
mientras dura la noche, vagan entre las casas
sin fin, como si fueran por el medio de un bosque.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 02-I-19]

*

Poetica

Il ragazzo s’è accorto che l’albero vive.
Se le tenere foglie si schiudono a forza
una luce, rompendo spietate, la dura corteccia
deve troppo soffrire. Pure vive in silenzio.
Tutto il mondo è coperto di piante che soffrono
nella luce, e non s’ode nemmeno un sospiro.
È una tenera luce. Il ragazzo non sa
donde venga, è già sera; ma ogni tronco rileva
sopra un magico fondo. Dopo un attimo è buio.

Il ragazzo – qualcuno rimane ragazzo
troppo tempo – che aveva paura dei buio,
va per strada e non bada alle case imbrunite
nel crepuscolo. Piega la testa in ascolto
di un ricordo remoto. Nelle strade deserte
come piazze, s’accumula un grave silenzio.
Il passante potrebbe esser solo in un bosco,
dove gli alberi fossero enormi. La luce
con un brivido corre i lampioni. Le case
abbagliate traspaiono nel vapore azzurrino,
e il ragazzo alza gli occhi. Quel silenzio remoto
che stringeva il respiro al passante, è fiorito
nella luce improvvisa. Sono gli alberi antichi
del ragazzo. E la luce è l’incanto d’allora.

E comincia, nel diafano cerchio, qualcuno
a passare in silenzio. Per la strada nessuno
mai rivela la pena che gli morde la vita.
Vanno svelti, ciascuno come assorto nel passo,
e grandi ombre barcollano. Hanno visi solcati
e le occhiaie dolenti, ma nessuno si lagna.
Tutta quanta la notte, nella luce azzurrina,
vanno come in un bosco, tra le case infinite.

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
“Opere di Cesare Pavese”, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

martes, 1 de enero de 2019



Konstantino Kavafis

Ítaca





Ítaca

Cuando decidas regresar a Ítaca
ruega que sea una larga travesía,
pródiga en aventuras y en hallazgos.
Ni a Lestrigones temas, ni a los Cíclopes,
ni al iracundo Poseidón le temas:
con ellos no darás en tu camino
mientras tu pensamiento sea elevado,
mientras sea genuino el sentimiento
que tu cuerpo y tu espíritu posee.
Cíclopes, Lestrigones, Poseidón,
no saldrán a tu encuentro, si no están
en tu alma, si tu alma no los llama.

Ruega que sea una larga travesía.
Que sean muchas mañanas de verano
las que te vean finalmente entrar
―y con cuánta alegría― en nuevos puertos,
tantos puertos que nunca has conocido.
Demórate en emporios de fenicios,
compra en ellos hermosas mercancías:
madreperla y coral, ámbar y ébano,
perfumes variados y preciosos,
cuantos perfumes voluptuosos puedas.
Visita las ciudades en Egipto,
aprende allí de sus hombres sapientes.

Debes tener siempre en tu mente a Ítaca.
Llegar a ella habrá de ser tu meta.
Pero no te apresures en el viaje.
Será mejor que dure muchos años,
que atraques en tu isla siendo viejo,
rico de cuanto en tanto atesoraste,
sin esperar de ella otras riquezas.

Ítaca ya te dio el hermoso viaje.
Sin ella no te habrías embarcado.
Ya nada más podría darte Ítaca.
Y si la encuentras pobre, no por esto
te habrá engañado Ítaca. Al fin sabio
de todo lo aprendido en el trayecto,
para entonces sabrás qué son las Ítacas.

Konstantino Kavafis

[Versión de P. A.,
para uso personal, en base
a otras traducciones del castellano,
del italiano, del inglés, del francés y del ruso,
dedicada a Mili Atenea Ginoris Adán,
traductora griega residente en Ítaca,
Ranchos, 30-XII-18 – 01-I-19]

*

Ιθάκη

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις,
αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους·
να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις Aιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου.
Aλλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι.
Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.

Κωνσταντίνος Καβάφης

viernes, 28 de diciembre de 2018



Cesare Pavese

Despertar


Renato Guttuso, La finestra dello studio (1956)



Despertar

Hasta el aire repite que ese día no vuelve.
La ventana desierta se embebe de frío
y de cielo. No sirve abrir la garganta
otra vez al antiguo aliento, como quien
se halla azorado, pero vivo. Ha terminado
la noche de nostalgias y de sueños.
Pero ese día ya no vuelve.

Vuelve a vivir el aire, con vigor inaudito,
el aire inmóvil, frío. La masa de plantas
encendida en el oro del final del verano
se azora ante la fuerza joven del cielo.
Se disuelve, al aliento del aire, toda forma
del verano, el espanto nocturno se ha extinguido.
En la noche el recuerdo del verano era un día
doloroso. Ese día se ha extinguido en nosotros.

Vuelve a vivir el aire, la garganta lo bebe
en la vaga ansiedad de un sabor ya gozado
que no vuelve. Y tampoco retorna la nostalgia
que esta noche ha nacido. La breve ventana
bebe el frío sabor que ha disuelto el verano.
Un vigor nos aguarda bajo el cielo desierto.

Cesare Pavese

[Versión de P. A.
Ranchos, 28-XII-18]

*

Risveglio

Lo ripete anche l’aria che quel giorno non torna.
La finestra deserta s’imbeve di freddo
e di cielo. Non serve riaprire la gola
all’antico respiro, come chi si ritrovi
sbigottito ma vivo. È finita la notte
dei rimpianti e dei sogni. Ma quel giorno non torna.

Torna a vivere l’aria, con vigore inaudito,
l’aria immobile e fredda. La massa di piante
infuocata nell’oro dell’estate trascorsa
sbigottisce alla giovane forza del cielo.
Si dissolve al respiro dell’aria ogni forma
dell’estate e l’orrore notturno è svanito.
Nel ricordo notturno l’estate era un giorno
dolorante. Quel giorno è svanito, per noi.

Torna a vivere l’aria e la gola la beve
nella vaga ansietà di un sapore goduto
che non torna. E nemmeno non torna il rimpianto
ch’era nato stanotte. La breve finestra
beve il freddo sapore che ha dissolta l’estate.
Un vigore ci attende, sotto il cielo deserto.

Cesare Pavese

7-8 novembre 1937

[De Poesie del disamore e altre poesie disperse,
Opere di Cesare Pavese, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]

jueves, 27 de diciembre de 2018



Cesare Pavese

La casa




La casa

El hombre solo escucha la voz calma,
con los párpados bajos, como si
una respiración le rozara la cara,
una respiración amiga, que retorna,
increíble, del tiempo más remoto.

El hombre solo escucha aquella voz antigua
que sus padres oyeron a lo largo del tiempo,
clara y recóndita, una voz que como
el verde de colinas y de estanques
al caer de la tarde se oscurece.

El hombre solo sabe de esa voz
de sombra, acariciante, que brota en tonos calmos
de un manantial secreto: y él la bebe
absorto, con los ojos cerrados, no parece
que la tuviera al lado.

Es la voz que detuvo un día al padre
de su padre, y a cada uno de
la sangre muerta. Una voz de mujer
que resuena secreta, en el umbral de casa,
cuando llega la noche.
                                                           
Cesare Pavese

[Versión de P. A.                          
Ranchos, 26-XII-18]

*

La casa

L’uomo solo ascolta la voce calma
con lo sguardo socchiuso, quasi un respiro
gli alitasse sul volto, un respiro amico
che risale, incredibile, dal tempo andato.

L’uomo solo ascolta la voce antica
che i suoi padri, nei tempi, hanno udito, chiara
e raccolta, una voce che come il verde
degli stagni e dei colli incupisce a sera.

L’uomo solo conosce una voce d’ombra,
carezzante, che sgorga nei toni calmi
di una polla segreta: la beve intento,
occhi chiusi, e non pare che l’abbia accanto.

E’ la voce che un giorno ha fermato il padre
di suo padre, e ciascuno del sangue morto.
Una voce di donna che suona segreta
sulla soglia di casa, al cadere del buio.

Cesare Pavese

[De “Poesie del disamore e altre poesie disperse”,
“Opere di Cesare Pavese”, vol. 11, Einaudi, Torino, 1982]