domingo, 28 de febrero de 2016

Alfonso Berardinelli

Charles Baudelaire:
A una mujer que pasa

 
Giovanni Boldini, Portrait de Madame Lantelme



A une passante


La rue assourdissante autour de moi hurlait.
Longue, mince, en grand deuil, douleur majestueuse,
Une femme passa, d’une main fastueuse
Soulevant, balançant le feston et l’ourlet;

Agile et noble, avec sa jambe de statue.
Moi, je buvais, crispé comme un extravagant,
Dans son oeil, ciel livide où germe l’ouragan,
La douceur qui fascine et le plaisir qui tue.

Un éclair... puis la nuit! —Fugitive beauté
Dont le regard m’a fait soudainement renaître,
Ne te verrai-je plus que dans l’éternité?

Ailleurs, bien loin d’ici! trop tard! jamais peut-être!
Car j’ignore où tu fuis, tu ne sais où je vais,
O toi que j’eusse aimée, ô toi qui le savais!


Charles Baudelaire


*


A una que pasa


La calle sordamente alrededor aullaba.
Alta, esbelta, enlutada, doliente majestuosa,
una mujer pasó; con la mano fastuosa
en alto, los festones del ruedo balanceaba,

ágil y noble, con su silueta divina.
Como un extravagante yo bebía, crispado,
en su ojo, cielo lívido donde brota el tornado,
la dulzura que embruja y el placer que asesina.

Un relámpago... ¡y noche! Fugitiva beldad
que renacer me hiciste con tu mirada trunca,
¿no he de volver a verte sino en la eternidad?

¡Lejos, lejos de aquí! ¡Muy tarde! ¡Acaso nunca!
Pues no sé dónde huiste, y tú ignoras mi hado,
¡oh tú, tú que sabías que yo te hubiese amado!


Charles Baudelaire

[Traducción de Alejandro Bekes,
en Fénix / poesía – crítica,  N° 19,
Ediciones del Copista, Córdoba, Abril 2006]



La desconocida, la transeúnte sin nombre que aparece e inmediatamente después desaparece en este famoso soneto de Charles Baudelaire, es uno de los personajes centrales de la poesía moderna. Es la suntuosa, conmovedora alegoría del amor anónimo, es la encarnación del Eros efímero, de la belleza que huye, contra el fondo de la primera metrópolis modernamente multitudinaria de la cual la poesía haya hablado. Lo que Baudelaire roba a la casualidad es un acto de amor sin duración, en el que se consuma una comunión sólo visual, una certeza de reconocimiento instantáneo y tal vez imaginario, en medio de la multitud sin rostro.
Según Walter Benjamin, el mayor y más original estudioso de Baudelaire, que dedicó años de investigación a París “capital del siglo XIX”, la experiencia fundamental en la literatura del siglo pasado es justamente el contacto con la multitud urbana, o más precisamente la presencia de esta multitud en toda experiencia y en la forma que toda experiencia individual asume. “La multitud: ningún otro objeto se ha impuesto más autorizadamente a los escritores del siglo XIX.” La experiencia de este contacto es descrito por escritores y filósofos, Hegel y Victor Hugo, Eugène Sue y Friedrich Engels. Pero en Baudelaire, dice Benjamin, la multitud es hasta tal punto una presencia total y envolvente que ya no hay necesidad de describirla como un fenómeno, como un objeto externo al observador: “La masa es tan intrínseca a Baudelaire que se busca en vano en él una descripción […]. Su multitud es siempre la de la metrópolis, su París está siempre superpoblada.” Es exactamente a partir de estas consideraciones sobre la presencia de la multitud que comienza el análisis benjaminiano del soneto. En esa masa en movimiento que es la multitud, la fascinación del encuentro inesperado y del descubrimiento coincide con el espasmo de la pérdida. El momento de la aparición es también el momento de la desaparición. Aquí el amor relampaguea como promesa, incuso como certeza (“O toi que j’eusse aimée, ô toi qui le savais!”). Pero la promesa no tendrá prosecución, no tiene futuro, y queda por lo tanto como una promesa vacía, sin otro lugar y tiempo que aquél instantáneo del encuentro. La misma certeza de amar y de ser amados es una certeza alucinatoria, que nada puede comprobar fuera de una mirada.
“El éxtasis ciudadano”, dice Benjamin, “es un amor no tanto a la primera como a la última mirada. Es un adiós para siempre, que coincide, en el poema, con el instante del encanto. Así el soneto presenta el esquema de un shock, más aún, el esquema de una catástrofe.” Esta belleza fugitiva es una lívida aparición, que anuncia el huracán y no puede sino ser luctuosa. La bellísima y majestuosa viuda lleva ya el luto de un amor agonizante, que nace y muere en un centelleo de reciprocidad tan intenso cuanto abstracto. Lo que une y separa a los dos amantes potenciales es el velo negro de la melancolía, el sentimiento de todo lo que aparece para desaparecer. Ese luto de la mujer es la anticipación de la precariedad catastrófica que fija y anula al amor en su estado germinal. Desde su misma aparición como posibilidad relampagueante y borrascosa, este amor es sólo el recuerdo de un amor ya vivido o vivido quién sabe dónde. El enigma de este instante que el soneto de Baudelaire aferra con milagrosa y obsesiva prontitud, es el enigma de una figura viviente en movimiento, es la percepción de su tránsito a través de un presente en equilibrio entre la inexistencia del pasado y la inexistencia del futuro.

Alfonso Berardinelli


[Traducción de Pablo Anadón,  
de: Alfonso Berardinelli, Cento poeti. Itinerari di poesía
Arnoldo Mondadori Editore, Milano, 1991/1997]




sábado, 2 de enero de 2016


Retrato de mujer dormida y luna


Man Ray - "Mujer dormida" (Solarización), 1929


Retrato de mujer dormida y luna

                                                                                                     

Con la primera luz en los postigos
te has dormido. También, afuera, en lo alto
de los techos, la luna pareciera
apagarse de a poco, adormecerse.
Qué raro privilegio el de asistir
a ese tránsito, al suave deslizarse
de la vigilia al sueño, al cotidiano
misterio que es una mujer dormida:
allí estás, tan cercana de mis ojos
que te saben; no obstante, tan extraña,
inasible, remota, inalcanzable,
en ese mundo sólo tuyo, plácida
y absorta, solitaria… Así, traslúcida,
ya la luna deriva a otro hemisferio.



P. A.

[02-I-16]

jueves, 31 de diciembre de 2015


Tu nombre
  
                                                                  
 Luminosa mañana, aquí, a la sombra
de las viejas paredes y los viejos
postigos de la casa… Los reflejos
tienen algo marino, que te nombra
―talismán matinal de mi alegría,
tu nombre, siempre vuelve, infinitud
cifrada, caracola, esa quietud
irisada del mar al mediodía
que oscila como un seno adormecido,
dorado, bajo el sol, junto a la arena
y lejos, donde el agua se hace cielo:
así, de mar, remoto, a mi desvelo
diurno llega tu nombre, tu serena
luz a la noche terca en que he vivido.


P. A.

[Villa Dolores, 30/31-XII-15]



viernes, 18 de diciembre de 2015


W. H. Auden
(1907–1973)

September 1, 1939







1° de Septiembre, 1939



Sentado, aquí, en un bodegón
De la Cincuenta y dos
Inseguro, aterrado, mientras caen
Las más astutas esperanzas
De una década baja y deshonesta:
Un oleaje de ira y de terror
Recorre las soleadas
Y las oscuras tierras del planeta,
Obsesionando nuestras existencias privadas;
El olor innombrable de la muerte
Llega, ofende esta noche de septiembre.


*


Una meticulosa erudición
Puede exhumar toda la ofensa
Desde Lutero hasta el presente
Que llevó a una cultura a la demencia
Y descubrir qué fue que sucedió
En Linz, qué imago ingente
Fabricó un dios psicópata:
El público ya sabe, como yo,
Lo que los niños de la escuela aprenden,
Que todo aquel a quien se le hace un mal
Hará a su vez el mal.


*


Exiliado, Tucídides ya supo
Cuanto puede decirnos un discurso
Sobre la Democracia,
Y aquello que hace todo dictador,
Las necias y seniles peroratas
Ante una tumba apática;
Todo fue analizado ya en su libro,
Ahuyentada la luz de la razón,
El dolor en costumbre convertido,
El mal gobierno, el sufrimiento:
Todo, otra vez, debemos padecerlo.


*


En este aire neutral
Donde los ciegos rascacielos usan
Toda su altura para proclamar
La energía del Hombre Colectivo,
Cada lengua compite en derramar
Su vana excusa:
Pero quién de verdad puede vivir
Por mucho tiempo en un ensueño eufórico;
Desde el espejo miran
Fijamente la cara del Imperio
Y el rostro universal de la ignominia.


*


Las caras a lo largo de la barra
Se aferran a su resto de jornada:
Nunca deben las luces apagarse,
Siempre debe la música sonar,
Se confabulan todos los modales
Para lograr que este fortín adopte
Un moblaje de hogar;
Para no ver que estamos en verdad
Perdidos entre espectros en un bosque,
Niños que tienen miedo de la noche
Y nunca fueron buenos ni felices.


*


Tanta basura militante al viento
Que Importantes Personas vociferan
Es menos burda que nuestros deseos:
Lo que Nijinsky sobre Diaghilev
Escribió, enloquecido, alguna vez,
Es verdad para todo corazón;
Pues el error que anida ya en el hueso
Del hombre y la mujer
Anhela lo que no puede tener,
No ya el amor universal, sino
Ser el único y solo que es querido.


*


Desde la oscuridad conservadora
Hacia la vida ética, los densos
Viajeros suburbanos se trasladan,
Repitiendo su voto matinal:
“Yo quiero serle fiel a mi mujer,
Tengo que progresar en mi trabajo”,
E ineptos gobernantes se despiertan
Para volver al juego obligatorio:
¿Quién puede ahora liberarlos,
Quién puede hacerse oír por quien es sordo,
Quién puede hablar también por quien es mudo?



*


Todo lo que yo tengo es una voz
Para bregar con el engaño oculto,
La mentira romántica en la mente
Sensual del hombre de la calle
Y la mentira de la Autoridad
Cuyas torres el cielo manosean:
No existe eso que llaman el Estado
Y nadie existe a solas:
No hay elección posible para el hambre
Del ciudadano o de la policía:
Hay que amarse uno al otro o perecer.


*


Indefenso debajo de la noche
Yace azorado nuestro mundo;
Dispersos, sin embargo, aquí y allá
Puntos irónicos de luz
Se encienden donde sea que los Justos
Envían sus mensajes entre sí:
Que pueda también yo, al igual que ellos
Compuesto de Eros y de polvo,
Sitiado por la misma negación
Y desesperación,
Alumbrar una llama afirmativa.


W. H. Auden


Versión de P. A.

[Villa Dolores Córdoba,
Segunda mitad de noviembre, 2014]



*



September 1, 1939



I sit in one of the dives
On Fifty-second Street
Uncertain and afraid
As the clever hopes expire
Of a low dishonest decade:
Waves of anger and fear
Circulate over the bright
And darkened lands of the earth,
Obsessing our private lives;
The unmentionable odour of death
Offends the September night.


*


Accurate scholarship can
Unearth the whole offence
From Luther until now
That has driven a culture mad,
Find what occurred at Linz,
What huge imago made
A psychopathic god:
I and the public know
What all schoolchildren learn,
Those to whom evil is done
Do evil in return.


*


Exiled Thucydides knew
All that a speech can say
About Democracy,
And what dictators do,
The elderly rubbish they talk
To an apathetic grave;
Analysed all in his book,
The enlightenment driven away,
The habit-forming pain,
Mismanagement and grief:
We must suffer them all again.


*


Into this neutral air
Where blind skyscrapers use
Their full height to proclaim
The strength of Collective Man,
Each language pours its vain
Competitive excuse:
But who can live for long
In an euphoric dream;
Out of the mirror they stare,
Imperialism’s face
And the international wrong.


*

Faces along the bar
Cling to their average day:
The lights must never go out,
The music must always play,
All the conventions conspire
To make this fort assume
The furniture of home;
Lest we should see where we are,
Lost in a haunted wood,
Children afraid of the night
Who have never been happy or good.


*



The windiest militant trash
Important Persons shout
Is not so crude as our wish:
What mad Nijinsky wrote
About Diaghilev
Is true of the normal heart;
For the error bred in the bone
Of each woman and each man
Craves what it cannot have,
Not universal love
But to be loved alone.


*


From the conservative dark
Into the ethical life
The dense commuters come,
Repeating their morning vow;
“I will be true to the wife,
I’ll concentrate more on my work,"
And helpless governors wake
To resume their compulsory game:
Who can release them now,
Who can reach the deaf,
Who can speak for the dumb?


*


All I have is a voice
To undo the folded lie,
The romantic lie in the brain
Of the sensual man-in-the-street
And the lie of Authority
Whose buildings grope the sky:
There is no such thing as the State
And no one exists alone;
Hunger allows no choice
To the citizen or the police;
We must love one another or die.


*


Defenceless under the night
Our world in stupor lies;
Yet, dotted everywhere,
Ironic points of light
Flash out wherever the Just
Exchange their messages:
May I, composed like them
Of Eros and of dust,
Beleaguered by the same
Negation and despair,
Show an affirming flame.


W. H. Auden


viernes, 27 de noviembre de 2015

Serguiei Esenin

No retuerzas tus manos…




No retuerzas tus manos, no esfuerces tu sonrisa,
Que yo amo a alguien, sí, pero no a ti, muchacha.

Ya lo sabes, sin duda, lo sabes por ti misma,
No es a ti a la que busco, no a ti, linda muchacha.

Pasaba por aquí, cuando te vi, bonita:
Sólo quise mirarte, tan bella, en tu ventana.


Serguiei Esenin

[Octubre, 1925]

Versión de P. A.
Córdoba, 25-XI-15


*


Не криви улыбку, руки теребя,
Я люблю другую, только не тебя.

Ты сама ведь знаешь, знаешь хорошо -
Не тебя я вижу, не к тебе пришел.

Проходил я мимо, сердцу все равно -
Просто захотелось заглянуть в окно.


Сергей Есенин

[Октябрь 1925]