jueves, 5 de octubre de 2017


Eugenio Montale

Delta





Delta

La vida, que se rompe en los trasiegos
secretos, la he arraigado en vos:
esa que se debate en sí, y casi parece
que de vos nada sepa, ahogada presencia.

Cuando el tiempo en sus diques se sofoca,
acuerdas tu existencia a la de ella, inmensa,
y resurges, memoria, más visible,
de la oscura región donde bajabas,
como ahora, después de la tormenta,
vuelve a adensarse el verde de las ramas
y el cinabrio, en los muros, se oscurece.

Todo ignoro de vos, salvo el mensaje
mudo que me sostiene en el camino:
si como forma existes, o aprensión
en la niebla de un sueño te alimenta
la costa que se enturbia, enfebrecida,
cuando restalla en ella la marea.

Nada hay de vos en este vacilar de las horas
grises o desgarradas por un fulgor de azufre,
salvo el silbido del remolcador
que emerge de las brumas, llega al golfo.

Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Córdoba, 03-X-17]

*

Delta

La vita che si rompe nei travasi
secreti a te ho legata:
quella che si dibatte in sé e par quasi
non ti sappia, presenza soffocata.

Quando il tempo s’ingorga alle sue dighe
la tua vicenda accordi alla sua immensa,
ed affiori, memoria, più palese
dall’oscura regione ove scendevi,
come ora, al dopopioggia, si riaddensa
il verde ai rami, ai muri il cinabrese.

Tutto ignoro di te fuor del messaggio
muto che mi sostenta sulla via:
se forma esisti o ubbia nella fumea
d’un sogno t’alimenta
la riviera che infebbra, torba, e scroscia
incontro alla marea.

Nulla di te nel vacillar dell’ore
bige o squarciate da un vampo di solfo
fuori che il fischio del rimorchiatore
che dalle brume approda al golfo.

Eugenio Montale

[Ossi di seppia (1920-1927), 
Opera in versi, Einaudi, Turín, 1980]

sábado, 30 de septiembre de 2017


Eugenio Montale

Casa en el mar







Casa en el mar


El viaje aquí termina:
en cuidados mezquinos que dividen
el alma que hoy no sabe dar un grito.
Hoy los minutos son iguales, fijos,
como giros de rueda de la bomba.
Un giro: un chorro de agua que retumba.
Otro, y otra agua, a ratos un chirrido.

El viaje aquí termina, en esta playa
que asedian los asiduos, lentos flujos.
Nada desvela, salvo ociosos humos
la marina que traman de conchillas
los suaves soplos, y es raro que asome
en la bonanza muda
entre las islas de aire vagabundas
la Córcega rocosa o la Capraia.

Preguntas si así todo se disipa
en esta escasa niebla de memorias;
si en la hora que aturde o en el suspiro
de la rompiente se cumple todo destino.
Desearía decirte que no, que se te acerca
la hora en que podrás ir más allá del tiempo;
quizás sólo quien quiere se infinita,
y esto tal vez tú lograrás, no yo.
Pienso que para muchos no existe salvación,
pero alguien puede trastornar designios,
cruzar el vado, hallarse como quiso.
Antes de que me rinda, querría señalarte
esta vía de fuga
lábil como en los campos turbulentos
del mar, pliegue o espuma.
También te dono mi esperanza avara.
Ante los nuevos días, no sé nutrirla, exhausto:
la ofrezco en prenda a tu hado, que te salve.

El camino termina en estas playas
que roe la marea con movimiento alterno.
Tu corazón cercano que no me oye
tal vez ya está zarpando hacia lo eterno.


Eugenio Montale

[Versión de P. A.
Villa Dolores, 30-IX-17]

*

Casa sul mare


ll viaggio finisce qui:
nelle cure meschine che dividono
l’anima che non sa più dare un grido.
Ora i minuti sono eguali e fissi
come i giri di ruota della pompa.
Un giro: un salir d’acqua che rimbomba.
Un altro, altr’acqua, a tratti un cigolio.

Il viaggio finisce a questa spiaggia
che tentano gli assidui e lenti flussi.
Nulla disvela se non pigri fumi
la marina che tramano di conche
i soffi leni: ed è raro che appaia
nella bonaccia muta
tra l’isole dell’aria migrabonde
la Corsica dorsuta o la Capraia.

Tu chiedi se così tutto vanisce
in questa poca nebbia di memorie;
se nell’ora che torpe o nel sospiro
del frangente si compie ogni destino.
Vorrei dirti che no, che ti s’appressa
l’ora che passerai di là dal tempo;
forse solo chi vuole s’infinita,
e questo tu potrai, chissà, non io.
Penso che per i più non sia salvezza,
ma taluno sovverta ogni disegno,
passi il varco, qual volle si ritrovi.
Vorrei prima di cedere segnarti
codesta via di fuga
labile come nei sommossi campi
del mare spuma o ruga.
Ti dono anche l’avara mia speranza.
A’ nuovi giorni, stanco, non so crescerla:
l’offro in pegno al tuo fato, che ti scampi.

Il cammino finisce a queste prode
che rode la marea col moto alterno.
Il tuo cuore vicino che non m’ode
salpa già forse per l’eterno.


Eugenio Montale


[Ossi di seppia, Piero Gobetti Editore, Torino, 1925]

sábado, 26 de agosto de 2017


Dos versiones de un poema
de W. B. Yeats





I


Cuando vieja y canosa y soñolienta
Dormites junto al fuego, y este libro
Tomes, y leas lentamente, y sueñes
Con la clara mirada que tus ojos,
Hoy en sombras, tuvieron en un tiempo;

Cuántos amaron esa alegre gracia
De tus horas de dicha, y tu belleza
Con un amor fingido o verdadero;
Sólo uno ha amado tu alma peregrina
Y el dolor en tu cara que envejece;

Y al inclinarte hacia el llameante bronce,
Te dirás, con un dejo de tristeza,
Cómo el Amor se fue, y pasó las cumbres
De las montañas y escondió su rostro
En medio de una multitud de estrellas.


William Butler Yeats


*


II


Cuando vieja y canosa y soñolienta
Dormites junto al fuego, abre este libro
Y lee lentamente, mientras sueñas
Con la clara mirada que tus ojos,
Hoy en sombras, tuvieron en un tiempo;

Cuántos amaron esa dulce gracia
De tus horas de dicha, y tu belleza
Con un amor fingido o verdadero;
Sólo uno ha amado tu alma peregrina
Y el dolor en tu cara que envejece;

Y al acercarte al bronce que relumbra,
Murmura, con un dejo de tristeza,
Cómo el Amor se fue, y pasó las cumbres
De las montañas y escondió su rostro
En medio de una multitud de estrellas.


William Butler Yeats

[Versiones de P. A.
Córdoba, 03/19-VIII-13]


*


When you are old


When you are old and grey and full of sleep,
And nodding by the fire, take down this book,
And slowly read, and dream of the soft look
Your eyes had once, and of their shadows deep;

How many loved your moments of glad grace,
And loved your beauty with love false or true;
But one man loved the pilgrim soul in you,
And loved the sorrows of your changing face;

And bending down beside the glowing bars
Murmur, a little sadly, how Love fled
And paced upon the mountains overhead
And hid his face amid a crowd of stars.


William Butler Yeats

(The Rose, 1893)


viernes, 4 de agosto de 2017


Corrado Govoni

Las cosas que hacen el domingo






Las cosas que hacen el domingo


El olor cálido del pan que se cuece en el horno.
El canto del gallo en el gallinero.
El gorjeo de los canarios en las ventanas.
El chasquido de los baldes contra el aljibe y el chirrido de la roldana.
Las sábanas tendidas en el prado.
El sol en los umbrales.
El mantel nuevo en la mesa.
Los espejos en los dormitorios.
Las flores en los vasos.
El vagabundo que hace sollozar su armónica.
El grito del deshollinador.
La limosna.
La nieve.
El canal congelado.
El sonido de las campanas.
Las mujeres vestidas de negro.
Las comulgantes.
El sonido blanco y negro del piano.
Las monjas blancas vendadas como heridas.
Los curas negros.
Los internados grises.
El azul del cielo sereno.
Los paseos de los enamorados.
Los paseos de los enfermos.
El rumor de los árboles.
Los gatos blancos detrás de los vidrios.
El voltear de los rojos abanicos.
El golpear de las puertas y ventanas.
Las cáscaras de oro de los naranjos sobre el empedrado.
Los niños que juegan con el aro por los viales.
Las fuentes que manan en los jardines.
Los barriletes suspendidos por encima de las casas.
Los soldados que hacen la maniobra azul.
Los caballos que entrechocan sus cascos en las piedras.
Las muchachas que venden violetas.
El pavo real que abre su cola sobre la escalinata roja.
Las torcazas que zurean sobre el techo.
Los almendros florecidos en el convento.
Las adelfas rosas en los vestíbulos.
Las cortinas blancas que se mueven en el viento.

Corrado Govoni
(Ferrara, 1884 – Lido dei Pini, 1965)

Versión de P. A.
Villa Dolores, 04-VIII-17


Mosè Bianchi, Uscita di chiesa


Le cose che fanno la domenica

L’odore caldo del pane che si cuoce dentro il forno.
Il canto del gallo nel pollaio.
Il gorgheggio dei canarini alle finestre.
L’urto dei secchi contro il pozzo e il cigolìo della puleggia.
La biancheria distesa nel prato.
Il sole sulle soglie.
La tovaglia nuova nella tavola.
Gli specchi nelle camere.
I fiori nei bicchieri.
Il girovago che fa piangere la sua armonica.
Il grido dello spazzacamino.
L’elemosina.
La neve.
Il canale gelato.
Il suono delle campane.
Le donne vestite di nero.
Le comunicanti.
Il suono bianco e nero del pianoforte.
Le suore bianche bendate come ferite.
I preti neri.
I ricoverati grigi.
L’azzurro del cielo sereno.
Le passeggiate degli amanti.
Le passeggiate dei malati.
Lo stormire degli alberi.
I gatti bianchi contro i vetri.
Il prillare delle rosse ventarole.
Lo sbattere delle finestre e delle porte.
Le bucce d’oro degli aranci sul selciato.
I bambini che giuocano nei viali al cerchio.
Le fontane aperte nei giardini.
Gli aquiloni librati sulle case.
I soldati che fanno la manovra azzurra.
I cavalli che scalpitano sulle pietre.
Le fanciulle che vendono le viole.
Il pavone che apre la ruota sopra la scalèa rossa.
Le colombe che tubano sul tetto.
I mandorli fioriti nel convento.
Gli oleandri rosei nei vestiboli.
Le tendine bianche che si muovono al vento.

Corrado Govoni

(Ferrara, 1884 – Lido dei Pini, 1965)

martes, 4 de julio de 2017


Sobre la traducción de poesía

(Respuestas a un cuestionario
de Eleonora G. Capria)

 
Marc Chagall, El artista y su modelo



1. ¿De dónde surgió tu interés en traducir poesía?

A las primeras traducciones las hice en la adolescencia, y eran de poesía en lengua inglesa (Whitman, Poe, Eliot, Pound, Aiken). Creo que puedo discernir en su origen dos motivos: la admiración por un poeta y una obra, en primer lugar, y luego una especie de ansiedad por convertir esa admiración en acto, en obra, algo parecido a cuando uno tararea o busca reproducir en un instrumento una melodía que le ha gustado mucho y que vuelve y vuelve a la memoria. También, “last but not least”, en algún caso, el deseo de traducir un poema tuvo su origen en algún amor adolescente: como un obsequio u homenaje a la chica que quería (y que jamás se enteró, dicho sea entre paréntesis, de tal obsequio u homenaje), o como una manera de decir, traduciéndolas de otro idioma, las palabras que no hallaba por mí mismo, ya que en ese tiempo, aunque vivía enamorado, no escribí un solo poema de amor, vaya a saber por qué.

2. ¿Qué formación poseés?

Estudié Letras en la Universidad Nacional de Córdoba, fui becario en la Universidad de Florencia, para estudiar la poesía hermética italiana y la poesía italiana contemporánea, y luego docente en la Universidad de Cosenza. Al volver al país, me doctoré en Letras en la misma universidad donde había estudiado y donde enseñé por varios años. En cuanto a idiomas, estudié inglés, italiano y, ahora, ruso, además del latín estudiado en la universidad y ya plenamente olvidado.

3. Pros y contras: ¿cuáles dirías que son las mayores dificultades de traducir poesía y cuáles las mayores recompensas?

Bueno, si recordamos que Robert Frost definía a la poesía, con buenas razones, como “aquello que se pierde en una traducción”, no nos costará reconocer que las dificultades son muchas y de diverso tipo. A ellas les dediqué hace unos años un largo ensayo, “Diario del traductor / Venturas y desventuras de la traducción poética”, que fue en principio una conferencia que dicté en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires y que originó a su término una fervorosa polémica, que continuó luego en el blog del Club y en otros medios: remito a esas páginas, ahora incluidas en mi libro La poesía en el país de los monólogos paralelos / Ensayos sobre poesía argentina contemporánea (Editorial Brujas, Col. “Fénix”, Córdoba, 2014), para un examen más detenido y exhaustivo que el que ahora intento sumariamente.
La frase de Frost creo que en parte se explica por el hecho de que sonido y sentido, forma y contenido, están inextricablemente unidos en la poesía, y por el hecho de que su gracia, ese encanto verbal por el cual un verso se nos vuelve memorable, brota de esa fusión inescindible, así como del poder de sugerencia no sólo de las denotaciones, sino también de las connotaciones de las palabras. Tal trama conceptual y musical es imposible de ser traducida: o se pierde la sonoridad o se pierde el sentido, se conserva una denotación y se pierden varias connotaciones, etc. ¿Qué se puede hacer entonces? Creo que intentar una recreación, en la cual, con la prosodia de la propia lengua, tal vez se logre un texto con un encanto que sea equivalente al del original, es decir, un poema que se lea como poema, no como traducción de un poema.
Ahora, dividiendo justamente lo indivisible, con fines didácticos, como suele decirse, podríamos distinguir entre dificultades de orden formal y dificultades de orden conceptual. A las primeras pertenecen, fundamentalmente, las que tienen que ver con la sonoridad y las simetrías o asimetrías del poema: las aliteraciones, las homofonías, las anáforas, los hipérbatos, los quiasmos, los juegos de palabras, etc., y, en particular, tratándose de poesía, el ritmo del verso, ya sea métrico o amétrico, así como la rima, en el caso de que la posea el texto original. Con respecto a esta dimensión, creo que es inútil, e incluso desencaminado, pretender reproducir en la traducción exactamente los mismos recursos formales del original, como cuando se ha intentado trasladar los hexámetros de un poema en latín a hexámetros en castellano. Me parece que lo más factible, si lo que se busca es que el poema suene como poema en la propia lengua, es recrearlo con los recursos poéticos de la lengua de llegada, conservando aquéllos del original que se adaptan sin forzamiento de la prosodia castellana.
Con respecto de la dimensión del sentido, las dificultades no son menores, y también son múltiples. La principal, por cierto, es que, así como de hecho no existen sinónimos en la propia lengua ―cada palabra, aunque parezca idéntica en su significado a otra, en realidad involucra diversas connotaciones, distintos usos a lo largo del tiempo, etc.―, así tampoco existen términos que sean idénticos en significado entre una lengua y otra. Luego, hay numerosas problemáticas puntuales: por ejemplo, al traducir a un poeta lejano en el tiempo, ¿se moderniza del todo su léxico o se mantiene esa resonancia a cosa antigua? Y de parecida manera: al traducir a un poeta lejano en el espacio, ¿se acercan a la lengua de llegada las referencias naturales o culturales ―nombres de animales, plantas, fenómenos climáticos, circunstancias estacionales, vestimentas, costumbres, etc.― o se mantiene ese dejo exótico de país distante? Si pensamos que el Cantar del Cid fue “traducido” por Pedro Salinas del castellano del siglo XII al castellano del siglo XX, podemos comprender las dificultades que ofrece la traducción, no sólo en términos sincrónicos, sino también diacrónicos, por las transformaciones de una lengua a lo largo del tiempo. Como en el caso de la dimensión formal, creo que el traductor puede intentar, sin alejarse demasiado del significado del texto original, tomar de éste aquellos sentidos que le permitan recrear en la traducción un efecto poético que sea, si no idéntico, equivalente al que produce el poema original.
En cuanto a las recompensas, me parece que la traducción es una de las tareas creativas ―o recreativas― más felices, ya que está el goce de la artesanía poética sin los sufrimientos que suelen estar en la raíz de la creación original, que ya los ha padecido el poeta de la otra lengua, y en esa felicidad se encuentra, en mi experiencia, la primera y última recompensa. La traducción es una labor tan grata en su realización como ingrata en el eco que pueda tener en los lectores, desde el momento que todo buen lector de poesía suele ser desconfiado de las traducciones (y con razón, por aquello de Frost).

4. ¿Qué consejo le darías a alguien que recién empieza o quiere traducir poesía?

Que lo haga, ya que es el mejor taller, a mi juicio, no sólo para el conocimiento de la obra de un poeta admirado, sino también para la propia escritura. Y también le aconsejaría, y no sólo para la tarea de traducción, que, si es poeta, aprenda las nociones fundamentales de la métrica, en primer lugar de la tradición poética de la propia lengua, y luego de la lengua del poeta traducido, a menos que se limite a traducir poesía escrita en verso libre (e incluso en ese caso, ya que los buenos poetas en verso libre también conocían y conocen muy bien la métrica de su tradición, aunque sea para romper con ella), ya que la métrica es a la poesía lo que las nociones de armonía para el compositor, necesarias también para el autor de música electrónica, concreta, informal o lo que fuere.

5. ¿Traducís otros géneros literarios o textos de otros ámbitos?

Sí, pero, salvo ensayos que me interese presentar a los lectores de la propia lengua, siempre lo hago por encargo, no por iniciativa personal, como en el caso de la poesía, en el que sigo haciéndolo por amor y admiración a la obra de un autor.

6. ¿Es la traducción de poesía tu actividad principal?

No, diría que mi actividad principal es la escritura, pero como la poesía original es una dama más bien esquiva, digamos que, mientras espero que me otorgue algún favor, me entretengo con la poesía traducida… Como fuere, y fuera de bromas, creo que le he dedicado casi más horas en mi vida a la traducción que a la escritura de poesía propia, aunque sea un cálculo bastante difícil de hacer, ya que sabemos que no sólo se escribe cuando se garabatean palabras en un papel.

7. ¿Cómo llegás o llegaste a los editores?

En algunos casos yo he llegado a ellos, proponiéndoles algún libro que ya había traducido (el caso de “El Dolor” de Giuseppe Ungaretti, que habíamos traducido a cuatro manos con mi hermano, Esteban Nicotra, o de “El astro disperso”, una antología de la poesía italiana de los últimos años, que preparé durante los años de estadía en Italia), y en otros han sido ellos que llegaron a mí, proponiéndome traducir tal o cual libro. También está el caso intermedio, como el de la editorial valenciana Pre-textos, uno de cuyos editores había leído mis traducciones de la poesía última de Boris Pasternak, publicadas en una revista española, y me propuso que tradujera el libro completo, que de hecho ya tenía a medio traducir.

8. ¿Con qué frecuencia traducís poesía (con fines de publicación)? ¿Te proponés traducir una X cantidad de palabras por días, como se suele hacer con otros géneros?

La frecuencia es intermitente, y depende antes que nada del entusiasmo, a menos que se trate de traducciones por encargo, que suelen ser de prosa. Tratándose de poesía, por lo general traduzco de una sentada, por así decir, un poema por vez, borrador que luego reviso, claro, y siempre y cuando no me presente algún problema que me impida terminar la traducción en el mismo día o la misma noche, caso raro, porque soy obstinado, noctámbulo y, por lo general, no me voy a dormir hasta que no puedo tomarme un último vaso de gin y fumar una última pipa en paz, para celebrar la tarea cumplida.

[Villa Dolores, 24-VI-17]