jueves, 5 de abril de 2012

GIORGIO CAPRONI
(Livorno, 1912 - Roma, 1990)

PRIMERA LUZ


[Giorgio Morandi - Paesaggio (1935)]



PRIMERA LUZ


Láctea del alba,
nace sobre las lomas,
balbuceantes palabras
aún infantiles, la primera luz.

La tierra, con la cara
toda empapada de sudor,
entreabre soñolientos ojos de agua
a la noche que aclara.

(Los pájaros son siempre los primeros
pensamientos del mundo).



[De Come un’allegoria, 1932-1935]



*



PRIMA LUCE


Lattiginosa d’alba
nasce sulle colline,
balbettanti parole ancora
infantili, la prima luce.

La terra, con la sua faccia
madida di sudore,
apre assonnati occhi d’acqua
alla notte che sbianca.

(Gli uccelli sono sempre i primi
pensieri del mondo).



[Da Come un’allegoria, 1932-1935]



Versión de Pablo Anadón
Arcavàcata di Rende, ¿1988-1994?

domingo, 1 de abril de 2012

Alfonso Gatto

ELEGÍA


[Ottone Rosai - Uomo sulla panchina]



ELEGÍA


Padre vencido por el sueño
oscuro y lejano,
el niño te despierta con la mano.
Nacido aún en tu soñar, te pide
memoria de la edad en que corría
joven hasta tus ojos, triste
en el alivio de su semejanza
no quiere que tú creas
la muerte ciega de la eternidad.

Era tan suave el cielo alrededor,
al cadencioso aliento de la noche
me llevabas en brazos hasta el sueño
fresco de primavera.
Tal vez esto es la muerte, recordar
la voz postrera que apagara el día.


[De Morto ai paesi, 1933-1937]


*


ELEGIA


Padre vinto nel sonno
oscuro e lontano,
il bambino ti sveglia con la mano.
Ancora nato nel tuo sogno chiede
ricordo dell’età che ti correva
giovane agli occhi,
mesto al sollievo della sua sembianza
non vuole che tu creda
la morte buia nell’eternità.

Era così soave il cielo intorno,
a respiro e a cadenza della sera
tu mi portavi in braccio al sonno
fresco di primavera.
Forse è questo la morte, un ricordare
l’ultima voce che ci spense il giorno.


[Da Morto ai paesi, 1933-1937]


Versión de Pablo Anadón
Arcavàcata di Rende, ¿1988-1994?

sábado, 17 de marzo de 2012

Robert Lowell

NAVEGANDO A CASA 
DESDE RAPALLO




NAVEGANDO A CASA DESDE RAPALLO
                        [Febrero 1954]


Sólo italiano hablaba tu enfermera
pero en veinte minutos ya pude imaginar
tu última semana, y por mi cara
cayeron lágrimas.

Cuando en Italia me embarqué con el cadáver de mi Madre
toda la costa del Golfo di Genova
se irisaba de flores. Incesante
el oleaje amarillo y azul loco golpeaba
como mazos la estela burbujeante
de spumante de nuestro transatlántico
recordándome el brillo de mi Ford.
Mamá viajaba en la primera clase
de la bodega; el negro y áureo féretro
Risorgimento parecía aquel, en Los Inválidos, de Napoleón…

Mientras los pasajeros
en la cubierta se bronceaban
al sol mediterráneo en reposeras,
allá en Dunbarton nuestro cementerio
familiar a los pies de las Montañas Blancas
yacía en temperaturas bajo cero:
la tierra del lugar se hacía piedra,
con tantas muertes que hubo en pleno invierno.

Severos y sombríos en las ciegas tempestades de nieve,
su arroyo negro y sus cipreses
lucían lisos como mástiles.
Una verja de hierro lanceolada
circundaba luctuosa las tumbas de pizarra
casi siempre de estilo colonial.
La única alma sin estirpe histórica
llegada aquí, era Padre, ahora enterrado
bajo su lápida de mármol rosa
nueva, intacta, sin huellas de la erosión del clima.
Hasta el latín del lema de los Lowell:
Occasionem cognosce,
sonaba demasiado mercantil, llamativo,
allí donde el ardiente frío resplandecía
sobre los epitafios de ancestros de Mamá:
unos veinte o treinta Winslows y Starks.
La escarcha había pulido en sus nombres un filo diamantino…

En la grandilocuente inscripción en el féretro de Madre
Lowell estaba mal escrito: LOVEL.
Su cadáver
iba envuelto, como en un panettone,
con papel italiano de aluminio.



[Cementerio familiar en Dunbarton,
mencionado en el poema de Lowell]



SAILING HOME FROM RAPALLO
              [February 1954]


Your nurse could only speak Italian,
but after twenty minutes I could imagine your final week,
and tears ran down my cheeks…

When I embarked from Italy with my Mother’s body,
the whole shoreline of the Golfo di Genova
was breaking into fiery flower.
The crazy yellow and azure sea-sleds
blasting like jack-hammers across
the spumante-bubbling wake of our liner,
recalled the clashing colors of my Ford.
Mother traveled first-class in the hold;
her Risorgimento black and gold casket
was like Napoleon’s at the Invalides…

While the passengers were tanning
on the Mediterranean in deck-chairs,
our family cemetery in Dunbarton
lay under the White Mountains
in the sub-zero weather.
The graveyard’s soil was changing to stone―
so many of its deaths had been midwinter.

Dour and dark against the blinding snowdrifts,
its black brook and fir trunks were as smooth as masts.
A fence of iron spear-hafts
black-bordered its mostly Colonial grave-slates.
The only “unhistoric” soul to come here
was Father, now buried beneath his recent
unweathered pink-veined slice of marble.
Even the Latin of his Lowell motto:
Occasionem cognosce,
seemed too businesslike and pushing here,
where the burning cold illuminated
the hewn inscriptions of Mother’s relatives:
twenty or thirty Winslows and Starks.
Frost had given their names a diamond edge…

In the grandiloquent lettering on Mother’s coffin,
Lowell had been misspelled LOVEL.
The corpse
was wrapped like panettone in Italian tinfoil.



[Versión de P. A.,
Córdoba, 6-7 de febrero, 2012]

martes, 6 de marzo de 2012

Robert Frost

DOS POEMAS BREVES






POLVO DE NIEVE

La manera en que un cuervo
Dejó caer en mi frente
Polvo de nieve
Desde lo alto de un abeto

Trajo a mi corazón
Un ánimo distinto
Y de un día perdido
Cierto brillo salvó.






DUST OF SNOW


The way a crow
Shook down on me
The dust of snow
From a hemlock tree


Has given my heart
A change of mood
And saved some part
Of a day I had rued.


*


NINGÚN ORO PERDURA

Dorado es el primer
Verde de la Naturaleza,
Un matiz que le es arduo mantener.
Ese brote primero de la hoja
Es una flor: dura una hora.
Luego la hoja ya no es más que hoja.
De este modo el Edén se hundió en la angustia,
De este modo la aurora se hace día.
Ningún oro perdura.






NOTHING GOLD CAN STAY


Nature’s first green is gold,
Her hardest hue to hold.
Her early leaf’s a flower;
But only so an hour.
The leaf subsides to leaf.
So Eden sank to grief,
So dawn goes down to day.
Nothing gold can stay.



[Versiones de P. A.
Alta Gracia, 2005]

domingo, 4 de marzo de 2012

TERRAZA FRENTE A LA CAÑADA






Aquí, frente a tus ojos, el paisaje
dilecto de tus días: la ciudad
dormida, en un domingo a la mañana,


el sol y el cielo azul entre el follaje
verde y negro de hollín, la claridad
dispersa por los vidrios, telaraña


donde el recuerdo trama otra maraña
de sombra y luz, temblorosa verdad
para la mente en busca de un anclaje


en la vida. ¿Qué hacer? ¿Cómo existir?
Bajo el muro de piedra va el reguero
silencioso del agua, poca cosa


que sin embargo alegra en su fluir
fiel: irisado, espejeante sendero
donde el tiempo parece que reposa…


Tal vez un día tanta dolorosa
carga de pérdida y zozobra, un mero
arroyito se vuelva, un transcurrir


sereno hacia la nada prodigiosa.




P. A.
Córdoba, 26-VII-2009

martes, 28 de febrero de 2012

Alfonso Gatto

LA LUZ




La luz


La inmensa luz que desde el viento al mar
blanquea sobre barcos, ríe en mármoles
de edificios fugaces, el bullir
de albatros sobre el agua rota en fresco
borbollonear de espuma, la Giudecca
perfilada en la nítida amplitud
de su cielo que pasa en el azul, ileso:
la imprevista esperanza que la vida
por sus latidos encendidos fluya
en alegría de árboles, de sol,
de pan caliente, de ardientes mujeres:
todo lo llevas dentro, escalofrío
tu espalda, zambullida la cabeza
en los cabellos sueltos, encarnada
la boca en aquel hondo
beso que huye, oh vida mía, oh vida
de todos, roja, azul, mar, viento.


[De Diario de dos inviernos,
1943-‘44 / 1964-’65]



[La Giudecca - Venecia]


La luce


La grande luce che dal vento al mare
biancheggia sulle navi e ride ai marmi
dei palazzi fuggenti, il brulicchìo
degli albatri sull’acqua rotta al fresco
rigoglio delle spume, la Giudecca
profilata al chiarore del suo grande
cielo che passa nell’azzurro, illeso:
l’improvvisa speranza che la vita
accesa dai suoi palpiti trascorra
nella gioia degli alberi, del sole,
del pane caldo, delle donne calde:
tutto t’è dentro e un brivido la schiena,
un tuffo il capo nei capelli sciolti,
incarnata la bocca su quel pieno
bacio fuggente, o vita mia, o vita
di tutti, rossa, azzurra, vento, mare.


[Dal Giornale di due inverni,
1943-‘44 / 1964-’65]



Versión de P. A.
Arcavàcata di Rende, Italia, ¿1988-1994?

viernes, 24 de febrero de 2012

Conrad Aiken
(1889-1973)

ANIQUILACIÓN






Aniquilación


Mientras el mediodía se curva, azul, sobre los dos
Y el álamo dispersa tristes hojas,
Dime otra vez por qué el amor embruja
Y qué nos da el amor.

¿Es el dedo que tiembla mientras sigue
La línea de la ceja o la mejilla?
¿La boca que balbuce, al sentir la caricia,
Pero no puede hablar?

No, no está en estas cosas, más que en otras,
Escondido el secreto: no es el tacto
De una mano que puede alborozar
Y alzar la sangre en canto.

Es la hoja que cae entre nosotros,
La esquila que murmura, las sombras que se mueven,
La luz que languidece, otoñal, en tus hombros,
Son estas cosas el amor.

Es el “Quedémonos aquí más tiempo”,
El “Espera a mañana”, “Una vez conocí…”
—Estas trivialidades, mientras tocas mi dedo
Y el reloj da las dos.

El mundo es intrincado, y nada somos.
Es el mundo complejo de la hierba,
El gajo en el sendero, la mirada de encono,
Sentimientos que pasan—

Ellos son el secreto; y te podría odiar
Cuando me inclino para darte un beso
Y descubro en tus ojos que estás lejos
Y que el amor es esto.

Las rocas que entrechocan saben más del amor
Que el mirarse extasiados o el roce de unos labios.
Todo lo que sabemos del amor es amargo,
Y, en verdad, es muy poco.


Conrad Aiken


*


Annihilation


While the blue noon above us arches,
And the poplar sheds disconsolate leaves,
Tell me again why love bewitches,
And what love gives.

It is the trembling finger that traces
The eyebrow's curve, the curve of the cheek?
The mouth that quivers, when the hand caresses,
But cannot speak?

No, not these, not in these is hidden
The secret, more than in other things:
Not only the touch of a hand can gladden
Till the blood sings.

It is the leaf that falls between us,
The bells that murmur, the shadows that move,
The autumnal sunlight that fades upon us:
These things are love.

It is the ‘No, let us sit here longer,'
The ‘Wait till tomorrow,' the ‘Once I knew —'
These trifles, said as I touch your finger,
And the clock strikes two.

The world is intricate, and we are nothing.
It is the complex world of grass,
A twig on the path, a look of loathing,
Feelings that pass —

These are the secret! And I could hate you,
When, as I lean for another kiss,
I see in your eyes that I do not meet you,
And that love is this.

Rock meeting rock can know love better
Than eyes that stare or lips that touch.
All that we know in love is bitter,
And it is not much. 


Conrad Aiken


[Versión de P. A.
Córdoba, 22-II-12]