domingo, 20 de septiembre de 2015

Versos de otoño
Un poema de amor
de Rubén Darío
y una breve apostilla





Versos de otoño


Cuando mi pensamiento va hacia ti, se perfuma:
tu mirar es tan dulce, que se torna profundo.
Bajo tus pies desnudos aún hay blancor de espuma,
y en tus labios compendias la alegría del mundo.

El amor pasajero tiene el encanto breve,
y ofrece un igual término para el gozo y la pena.
Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve;
hace un minuto dije mi amor sobre la arena.

Las hojas amarillas caen en la alameda,
en donde vagan tantas parejas amorosas.
Y en la copa de Otoño un vago vino queda
en que han de deshojarse, Primavera, tus rosas.


Rubén Darío

[En El canto errante, 1907]





Breve apostilla


[Dedicada a Noelia Onisifora,
estudiante chipriota de Intercambio,
a quien le gustaba este poema
y contribuyó asimismo a su exégesis]


Como a veces he notado en mis clases que no se advierten, en una primera lectura, algunas sugerencias presentes en el poema en cuartetos alejandrinos que he transcripto, a riesgo de ser tedioso (“los poemas no se explican”, suele decirse, cosa que es verdad y no es verdad), señalo unas pocas claves para su relectura, aunque sean innecesarias.
El texto está dedicado por el poeta, ya maduro, en el otoño de su vida, a una jovencita. El “blancor de espuma” que aún persiste en los pies descalzos de ella puede aludir a la diosa de la belleza, Afrodita, nacida de la espuma marina a orillas de la isla de Chipre (mejor, quizás, no puntualizar el origen de esa espuma en la mitología griega). El cuarto verso de la primera estrofa (“y en tus labios compendias la alegría del mundo”) parece una hipérbole, pero sólo para quien no ha saboreado aún esa dulzura (“che dà per li occhi una dolcezza al core, / che 'ntender no la può chi no la prova”) o no ha visto nunca a una chica que parece la encarnación misma de la alegría.
El paralelismo metafórico en los versos tercero y cuarto de la segunda estrofa (“Hace una hora que un nombre grabé sobre la nieve; / hace un minuto dije mi amor sobre la arena”), además de aludir, claramente, a la fugacidad del “amor pasajero”, abarca espacios y estaciones antípodas, sugiriendo la universalidad y la atemporalidad de esa experiencia.
Los dos últimos versos de la tercera estrofa representan, como se ha dicho, a través de las estaciones, al poeta (el Otoño) y a su joven amada (la Primavera), y en la copa y en las rosas que han de deshojarse el lector bien pensado puede adivinar más o menos sutiles alusiones eróticas.
Luego de una segunda estrofa de carácter general y, diríamos, desilusionado, la tercera estrofa termina el poema con una notable afirmación vital, de tono dionisíaco: a pesar de que lo que reste en la “copa” masculina ya no sea más que “un vago vino”, en ella, sin embargo, la rosa femenina perderá sus pétalos. 
Si comparáramos, un poco en broma y un poco en serio, los tres momentos del poema con los movimientos de una obra musical, tendríamos un “Allegro amoroso, con dolcezza” en la primera estrofa, un “Adagio meditativo e malinconico” en la segunda y un “Allegro con brio, ma non troppo” en la tercera.


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