miércoles, 29 de diciembre de 2010

T. S. Eliot

El Cultivo de los Árboles de Navidad


[Los poetas L. MacNeice, T. Hughes, T. S. Eliot,
W. H. Auden y Stephen Spender en 1963.
Fotografía de Mark Gerson, Archivo de Faber]



The Cultivation of Christmas trees

There are several attitudes towards Christmas,
Some of which we may disregard:
The social, the torpid, the patently commercial,
The rowdy (the pubs being open till midnight),
And the childish ― which is not that of the child
For whom the candle is a star, and the gilded angel
Spreading its wings at the summit of the tree
Is not only a decoration, but an angel.
The child wonders at the Christmas Tree:
Let him continue in the spirit of wonder
At the Feast as an event not accepted as a pretext;
So that the glittering rapture, the amazement
Of the first-remembered Christmas Tree,
So that the surprises, delight in new possessions
(Each one with its peculiar and exciting smell),
The expectation of the goose or turkey
And the expected awe on its appearance,
So that the reverence and the gaiety
May not be forgotten in later experience,
In the bored habituation, the fatigue, the tedium,
The awareness of death, the consciousness of failure,
Or in the piety of the convert
Which may be tainted with a self-conceit
Displeasing to God and disrespectful to children
(And here I remember also with gratitude
St.Lucy, her carol, and her crown of fire):
So that before the end, the eightieth Christmas
(By "eightieth" meaning whichever is last)
The accumulated memories of annual emotion
May be concentrated into a great joy
Which shall be also a great fear, as on the occasion
When fear came upon every soul:
Because the beginning shall remind us of the end
And the first coming of the second coming.

1954


[From Ariel Poems]

*

El cultivo de los árboles de Navidad

Hay varias actitudes frente a la Navidad,
Algunas de las cuales podemos desdeñar:
La meramente rutinaria, social y comercial,
La del aturdimiento (bares abiertos hasta medianoche)
Y la pueril, que no es esa del niño
Que ve en las lucecitas del árbol las estrellas
Y en el ángel dorado con sus alas tendidas en lo alto
No un ornamento, sino un ángel.
El árbol navideño llena de asombro al niño:
Déjenlo que preserve su espíritu de asombro
En la Fiesta vivida como evento, no tan sólo un pretexto,
De tal manera que el deslumbramiento,
La maravilla centelleante del primer
Árbol de Navidad en su memoria,
De modo que el placer de las sorpresas
Con cada nueva posesión (cada una
Con su excitante, peculiar aroma),
La expectativa del ganso o del pavo
Y el esperado sobrecogimiento
Ante su aparición, de modo que
La reverencia y la felicidad
No sean olvidadas con el paso del tiempo
En la hastiada rutina, la fatiga y el tedio,
En la conciencia de la muerte,
En la conciencia del fracaso,
O en piedad de converso
Que puede inficionarse de arrogancia
Y ofende al niño y desagrada a Dios
(Y a mi recuerdo agradecido vuelve Santa Lucía,
Su canción navideña, su corona de fuego):
Así que antes del fin, antes que llegue
La octogenaria Navidad (por esto
De octogenaria entiéndase la última),
La suma de memorias de anuales emociones
Ojalá se concentre en una sola
Gran alegría, que ha de ser gran miedo
También, sin duda, como cuando el miedo
Entró por vez primera en cada alma:
Porque el principio debe recordarnos el fin,
La primera venida rememorarnos la segunda.

1954

[De Poemas de Ariel]


Versión de P. A.
Alta Gracia, 1989-1999

4 comentarios:

  1. Excelente todo lo que publicás, Pablo! Un placer leerte.

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  2. Gracias, me alegra que te guste el blog. Saludos, Pablo.

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  3. Vengo de leer hace poco la versión de Girri. Ésta también es linda. Me intriga el penúltimo verso: no lo dice al revés, o sea, que el fin recuerde el comienzo, como cabría pensar. ¿Es cita de qué, esto?

    Saludos, y felicitaciones.

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  4. Gracias, Pablo. Conozco la versión de Girri. El penúltimo verso, en su traducción (al menos la que apareció en "La Nación" el 20 de diciembre del '98, antes recogida en su libro "Valores diarios", del '70, si no me acuerdo mal), reza: "Pues el principio nos ha de recordar el fin". La mía no es muy diversa, salvo en que he tratado de mantener el criterio métrico usado a lo largo de todo el texto.
    En cuanto a si es cita de algo, la verdad es que no lo sé, pero me suena a la tradición inglesa de los sermones teológicos, que resuena en otros poemas de Eliot. En los "Cuatro Cuartetos", y creo que igualmente en "Ash Wednesday", también ateniéndome a lo que recuerdo ahora (no estoy en casa, así que no tengo el libro ni ninguna otra edición anotada), reaparece esto del comienzo que es el fin y el fin que es el comienzo. Si encuentro el antecedente, te escribo.
    Aprovecho para felicitarte a mi vez por las reflexiones de tu blog, que estuve "hojeando" en estos días.
    Un abrazo, Pablo.

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