viernes, 10 de abril de 2015

Patrizia Cavalli


[Ensayo, selección y traducción de poemas de:
Pablo Anadón, El astro disperso.
Últimas transformaciones de la poesía en Italia (1971-2001)
Ediciones del Copista, Col. “Fénix”, Córdoba, 2001,
Premio de Traducción del Gobierno de Italia,
2a. edición, Editorial Brujas, Col. "Fénix", Córdoba, 2015]








La insuficiencia de lo real
(Sobre la poesía de Patrizia Cavalli)


La escritura de Patrizia Cavalli ha partido de la siguiente constatación: “Mis poesías no cambiarán el mundo”. De esta evidencia, que sirve de título entre irónico y polémico a su primer libro, derivan varias consecuencias fundamentales para su obra. En primer lugar, se asume la marginalidad de la poesía como un dato de hecho, sin extraer de ello motivos de remordimiento ni de vergüenza ni de vanidad, sin actitudes, al menos aparentes, de victimismo ni de rebelión. Tal reconocimiento elimina de sus versos todo gesto extremo de antagonismo con el mundo, ya sea en su versión romántica, como en la vanguardista, como en la de un declarado compromiso político, y otorga a su palabra una cierta levedad y libertad de vuelo: la de un insecto que zumba alrededor de todas las cabezas y se posa en todos los objetos y todas las materias —desde las más desagradables a las más preciosas— gracias a su misma ligereza e ‘insignificancia’, que pareciera dejar intacto cuanto toca (impunidad de la que saca buen partido).
Una segunda consecuencia, estrechamente ligada a la anterior, es que la escritura, no siendo ya una actividad complementaria o mediadora o sustitutiva de la acción, se presenta en Patrizia Cavalli como un modo de percibir y registrar una determinada experiencia de vida, más allá —o más acá, como se prefiera— de la esfera de la voluntad. Es decir, su poesía pretende menos actuar que tomar acto, y menos ser fiel a lo que debe ser o lo que se querría que fuese, que a lo que por suerte o por desgracia es y ha sido: una poesía, pues, alimentada de aquello que los días le han traído y le han arrancado a su autora, y que ésta recoge sin otro designio que dar cuenta de que eso ha existido, tratar de entenderlo y, probablemente, —como de aquella cucaracha en la cual representa, en uno de sus poemas últimos, la adherencia de su individualidad— liberarse de ello a través de su objetivación verbal.
Una tercera consecuencia de aquella aserción del título del primer libro, y que se desprende con claridad de lo anotado en los párrafos anteriores, es la importancia acordada al yo y a la esfera de vivencia personal. La centralidad del sujeto, constante en toda la obra de Cavalli —con un notable crescendo, sin embargo, de la presión espiritual de ciertas obsesiones, proporcional al grado de profundidad alcanzado en su exploración—, no se muestra, salvo excepciones, como resultado de la complacencia, sino por el contrario de la necesidad de contrarrestar y hallar un equilibrio entre dos tendencias opuestas: una insidiosa sensación de irrealidad e inconsistencia de la propia vida, y una percepción exacerbada de sí, ya sea en un plano mental o corporal, una autoconsciencia de efectos paralizantes, corrosivos, que puede originar a su vez —los extremos se tocan— aquella persuasión de inexistencia, como por ejemplo en el texto que cierra Le mie poesie non cambieranno il mondo:

Poco de mí recuerdo
yo que he pensado siempre en mí.
Desaparezco
como un objeto
mirado demasiado tiempo.

La convivencia forzada con el propio desdoblamiento en observado y observador llega incluso a ser identificada con el mal (un mal ontológico, constitutivo, que halla expiación en su mismo padecimiento), como leemos en una suerte de baudelaireano héautòntimoroúmenos incluido en el segundo libro de la poetisa, Il cielo (1981):

Ser los testigos de nosotros mismos,
siempre en la propia compañía,
nunca dejados solos, leves,
tener que oírse siempre, en todo
hecho físico químico mental,
es ésta la gran prueba,
es la expiación, esto es el mal.

El modo, pues, en que la preeminencia del yo se presenta en la poesía de Patrizia Cavalli es menos el de la confesión inerme o desafiante (como podemos encontrarla, por ejemplo, en Dario Bellezza y en otros poetas de estos años) que el de un balance crítico de lo que la existencia va acarreando consigo. De allí el tono epigramático que caracteriza muchos de sus versos, por medio del cual el caso individual es proyectado —implícita o explícitamente— a un plano general. El supuesto sería que el yo no es sino un ejemplo azaroso de lo universal y que entonces hablando de sí, a un cierto punto, se puede estar hablando de todos. Así lo sostiene la poetisa en el lúcido poema “L’io singolare proprio mio” —una especie de arte poética y vital, que dada su extensión no podemos incluir aquí—, del cual toma nombre su tercer libro:

Si cuando hablo digo siempre yo
no es atención particular e insana
por mí misma, no es mera complacencia,
que en cambio yo me considero sólo
un ejemplo cualquiera de la especie,
por lo cual ese yo verbal no es más
que un yo gramatical.
                                   E incluso si este yo
fuese mi yo carnal, héme aquí aún
ejemplo, de verdad poco deseado, muy
mal logrado, del cuerpo primordial.

En este mismo texto se ofrece un análisis de un rasgo de carácter, por así decir, un modo de enfrentar los hechos de la vida, que describe a la vez perfectamente el modus operandi de la creación de Cavalli,  en su búsqueda de anidar lo ínfimo en lo inmenso y de percibir, como a través de una lente de aumento, lo general en lo particular (aunque no siempre los poemas superen la ocurrencia fortuita que los ha originado):

...el juicio muy impresionable
siempre dispuesto a ser enmarañado
por cada momentánea sensación,
que no discierne espacio o duración
y le ofrece sus medios y sus méritos,
la convierte en patrona incontrastable
y se reduce a servitud,
pero un siervo molesto que no acepta
pasividad, sino que sirve con furor
[...] y no halla paz hasta que no transforma
casualidad en juicio universal.

A pesar de la insistencia en ciertos tópicos personales (que la autora reconoce con buena dosis de ironía: “Enferma y mal nacida / al fin de cuenta digo / siempre las mismas cosas”), no es una poesía donde lo que va más allá de los límites de la individualidad se muestre sólo como ausencia, ni sea tampoco estilizado en cifra o proyección de la interioridad. Por el contrario, el mundo circundante, que es sobre todo el tiempo y los espacios de la gran ciudad (la Roma de las últimas décadas), es una presencia acuciante y vívida que puebla los poemas con sus rostros fugaces, sus cuartos anónimos y transitorios, los mercados callejeros (la poetisa vive a unos pasos del mercado de Piazza dei Fiori), los puentes y los plátanos del Tíber, un asombro de cielo recortado entre aristas, el tráfico y la multitud en el día, las fogatas en las esquinas solitarias durante las noches de invierno (y alrededor las manos y las voces de las mujeres que esperan), y, en fin, esa atmósfera incierta entre metrópolis cosmopolita y ciudad de provincia que caracteriza a la capital italiana. Hay una atención minuciosa por lo cotidiano, tanto en sus circunstancia —cuyos indicios contextuales son claros— cuanto en el lenguaje, que tiende a un nivel medio, de una medida fluencia coloquial.
Tal fluidez conversacional en el primer libro está escandida por versos breves y aéreos, en composiciones igualmente breves y leves, con una acentuación cantabile y rimas administradas con una desenvoltura que parece ingenua y es a menudo irónica (del tipo de “Andrò dai miei amici andrò a cena / consolerò così la mia pena”). Esta clase de anotaciones a vuelo de lápiz (semejantes, a veces, a ingeniosos graffitti) persisten en los dos libros siguientes, pero a partir de Il cielo (1981), y sobre todo en L’io singolare proprio mio (1992), son acompañadas por textos de una complejidad formal —y espiritual— mucho mayor. La métrica no es fija, pero tiende a predominar cada vez más el endecasílabo, incluso a lo largo de todo un poema (o alternándose con heptasílabos, eneasílabos, alejandrinos...). De la rima (así como de otras figuras iterativas, particularmente la aliteración) se sigue haciendo un uso asiduo y eficaz. La habilidad técnica, sin embargo, que la poetisa indudablemente posee, no está dirigida a obtener efectos de virtuosismo poético, sino a encauzar y sostener la naturalidad de la voz. El realismo esencial de esta poesía, ya sea que oscile hacia la ironía o la emotividad, no concede demasiado espacio a la metáfora —que implica siempre una entrega a ese vértigo o ebriedad ante cuyos límites la autora se detiene, entre temerosa y fascinada—: predomina, en cambio, la comparación, que pone en contacto realidades diversas, que se iluminan mutuamente, pero sin perder sus respectivas identidades.
Una característica medular en la obra de Patrizia Cavalli es una lucha —una agonía— entre dos fuerzas que se disputan el dominio del ‘cuerpo’ y el ‘alma’ del poema, dos tendencias que a falta de mejores términos podríamos llamar de apertura y retracción ante el mundo. Tormentos como los de los erizos, aquellos de la fábula de Schopenhauer, recorren esta poesía. Hay en ella un ansia muy aguda por salir de la clausura de la individualidad, de la conciencia-testigo que divide y distancia; cuando esa liberación se logra, tal vez en el amor o en un rapto de asombro en el que la mirada se funde con lo mirado, la poetisa llega a hablar de “salvación”, y siente que la realidad está hecha de la misma sustancia que su interioridad (por ejemplo, en los poemas que comienzan “Fuera de mí, pura de mí, en amor...” y “Ciertos días, cuando el cielo se acerca...”). En estos casos, la voz poética tiende a abrirse y levantarse en exclamación, el verso se aligera, anhela el lirismo. Pero no siempre el lirismo logra ganar altura: allí están las espinas, propias o ajenas, que hacen huir el aire de la levedad en un irónico chirrido... “Estos poemas —ha señalado Alfonso Berardinelli a propósito de Il cielo— están siempre amenazados por un desequilibrio radical, el de la insuficiencia” (Incognita, marzo 1982). La insuficiencia de lo real: tal es la principal espina en el corazón de la poesía de Patrizia Cavalli.
Lo que era, entonces, liberación, promesa de felicidad, se vuelve desencanto, desconfianza incluso de lo que podía ofrecer la “salvación”. “Quien se enamora del cielo quiere desaparecer, dejar de ser testigo de sí mismo”, observaba también Berardinelli. Tan sólo que también allí, en el cielo, el desengaño llega a descubrir un espejo de la desesperanza, y en el objeto de su amor la enamorada renueva la condena de ser testigo de sí:

¡Maldito sea, ese festín de nubes,
cielo saciado! Y era precisamente allí
en lo alto que debía cumplirse mi reflejo,
en la impalpable mutación
debía producirse la procesión de males.
Mis ojos siempre miran hacia el cielo,
incluso por la noche, para ver
la amenaza visible, densa, oscura.
Pero a menudo ven azules
tan vastos que avergüenzan
de la sospecha. Y, sin embargo, sé
por el latido de mi corazón
lo que se oculta tras el esplendor,
cómo la luz en un instante
será ganada por el blanco opaco,
la triunfal corpulencia de una nube,
y cómo el cielo nuevamente
evocará la ciénaga.

¿Cuál de los polos predomina en esta oscilación de péndulo entre apertura lírica y retracción crítica ante el mundo? Poniendo todo en la balanza, en una consideración de la obra en conjunto, se diría que el segundo —que es, por cierto, nietszcheanamente hablando, lo que más pesa—. Pero hay algo que desconcierta el vaivén del mecanismo: el pensamiento de la muerte. La muerte, que es la insuficiencia de lo existente por antonomasia, revierte los términos del problema: la percepción de la precariedad ya no ocasiona el desencanto y el consiguiente alejamiento y clausura del sujeto, sino que de ella (vivida, por ejemplo, como imaginación de la muerte de una persona querida, en el poema que comienza “Ah sí, para tu desgracia...”) surge la más ferviente y lúcida adhesión a un ser y a sus limitaciones, el amor, pues, por la fragilidad y la infinitud de lo que debe morir.

P. A.



*


Patrizia Cavalli
Poesie / Poemas



Qualcuno mi ha detto...


Qualcuno mi ha detto
che certo le mie poesie
non cambieranno il mondo.

Io rispondo che certo sí
le mie poesie
non cambieranno il mondo.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*

Alguien me ha dicho...


Alguien me ha dicho
que por cierto mis poemas
no cambiarán el mundo.

Yo respondo que por cierto sí
mis poemas
no cambiarán el mundo.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*


Né morte né pazzia mi prenderà...


Né morte né pazzia mi prenderà:
un tremore delle vene forse
un’acuta risata, un ingorgo
del sangue, un’ebbrezza limitata.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*


Ni muerte ni locura...


Ni muerte ni locura
me atraparán: tal vez
un temblor en las venas,
una risa aguda, un coágulo
en la sangre, una breve ebriedad.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*


Stupita cercavo le ragioni...


Stupita cercavo le ragioni
di quel sogno che fu piacere di baci.
Ma presto giunse il mio rivale
di tutte le notti il mio rivale
e senza sforzo come cosa sua
sottrasse a me
la rara prigioniera.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*

Asombrada buscaba la razón...


Asombrada buscaba la razón
de ese sueño que fue placer de besos.
Pero pronto llegó mi contrincante
de cada noche mi rival
y sin esfuerzo
como una cosa suya
me sustrajo la rara prisionera.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*


Seguita la vita come prima...


Seguita la vita come prima
con gente in piedi, seduta,
e che cammina.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*

Lo mismo que antes...


Lo mismo que antes
sigue la vida,
gente de pie, sentada,
y que camina.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*


Anche quando sembra che la giornata...


Anche quando sembra che la giornata
sia passata come un’ala di rondine,
come una manciata di polvere
gettata e che non è possibile
raccogliere e la descrizione
il racconto non trovano necessità
né ascolto, c’è sempre una parola
una paroletta da dire
magari per dire
che non c’è niente da dire.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*

Incluso cuando el día...


Incluso cuando el día
parece haber pasado como un ala
de golondrina, igual
que un puñado de polvo ya arrojado
y ya imposible de recuperar,
cuando la descripción, el relato, no encuentran
necesidad ni oyente,
quedará siempre una palabra,
queda una palabrita por decir,
quizá para decir
que ya no queda nada que decir.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*


Poco di me ricordo...


Poco di me ricordo
io che a me sempre ho pensato.
Mi scompaio come l’oggetto
troppo a lungo guardato.
Ritornerò a dire
la mia luminosa scomparsa.


[Le mie poesie non cambieranno il mondo, 1974]


*


Poco de mí recuerdo...


Poco de mí recuerdo
yo que he pensado siempre en mí.
Desaparezco
como un objeto
mirado demasiado tiempo.
Retornaré para decir
mi luminosa desaparición.


[Mis poemas no cambiarán el mundo, 1974]


*

Ah, sì, per tua disgrazia...


Ah, sí, per tua disgrazia,
invece di partire
sono rimasta a letto.

Io sola padrona della casa
ho chiuso la porta
ho tirato le tende.
E fuori i quattro canarini
ingabbiati sembravano quattro foreste
e le quattromila voci dei risvegli
confuse dal ritorno della luce.
Ma al di là della porta
nei corridoi bui, nelle stanze
quasi vuote che catturano
i suoni piú lontani
y passi miserabili di languidi ritorni
a casa, si accendevano nascite
e pericoli, si consumavano
morti losche e indifferenti.

E cosa credi che io non t’abbia visto
morire dietro un angolo
con il bicchieri che ti cadeva dalle mani
il collo rosso e gonfio
vergognandoti un poco
per essere stata sorpresa
ancora una volta
dopo tanto tempo
nella stessa posizione nella stessa condizione
pallida tremante piena di scuse?

Ma se poi penso veramente alla tua morte
in quale letto d’ospedale o casa o albergo,
in quale strada, magari in aria
o in una galleria; ai tuoi occhi che cedono
sotto l’invasione, all’estrema terribile bugia
con la quale vorrai respingere l’attacco
o l’infiltrazione, al tuo sangue pulsare indeciso
e forsennato nell’ultima immensa visione
di un insetto di passaggio, di una piega di lenzuolo,
di un sasso o di una ruota
che ti sopravviveranno,
allora come faccio a lasciarti andar via?


[Il cielo, 1981]


*

Ah sí, para tu desgracia...


Ah sí, para tu desgracia,
en vez de irme
me he quedado en cama.

Yo sola dueña de la casa
he cerrado la puerta,
he corrido las cortinas.
Y los cuatro canarios enjaulados
parecían, afuera, cuatro bosques
y las cuatro mil voces del despertar, confusas
por el regreso de la luz.
Pero del otro lado de la puerta,
en corredores negros, en los cuartos
casi vacíos que capturan
en ecos los sonidos más lejanos,
los pasos miserables de lánguidos retornos
a casa, se encendían nacimientos
y riesgos, sucedían muertes
oscuras, indiferentes.

Y acaso crees que yo no te he visto
morir oculta en un rincón,
el vaso vacilante entre las manos,
el cuello rojo, hinchado,
un poco avergonzándote
de haber sido encontrada
una vez más
después de tanto tiempo
en esa misma posición,
en esa misma condición,
pálida temblorosa borboteando disculpas.

Pero si luego pienso de verdad en tu muerte,
en qué cama de hospital, casa u hotel,
en qué calle o quizás en un avión
o en un túnel; si pienso
en tus ojos que ceden
a la invasión, en la terrible y última mentira
con que pretenderás resistir al ataque
o infiltración; si pienso
en el latido incierto de tu sangre
demente en la visión final, inmensa
de un insecto que pasa, de un pliegue de la sábana,
de una piedra o una rueda
que te sobrevivirán,
¿entonces cómo puedo dejar que te vayas?


[El cielo, 1981]


*


Quando si è colti all’improvviso da salute...


Quando si è colti all’improvviso da salute
lo sguardo non inciampa, non resta appiccicato,
ma lievemente si incanta sulle cose ferme
e sul fermento e le immagini sono risucchiate
e scivolano dentro
come nel gatto che socchiudendo gli occhi mi saluta.

I rumori si sciolgono: i gridi e le sirene
semplicemente sono. La tessitura sgranata
degli odori riporta ogni lontananza
e la memoria, inventando i suoni, fa cantare
alla voce una canzone che avanza
fra il traffico e le spinte.

E certo noi eravamo nati
per questa consonanza.
Ma vivendo in città c’è sempre
qua e là una qualche improvvisa puzza
di fritto che ti rimanda a casa.


[Il cielo, 1981]


*


Cuando de pronto nos atrapa...


Cuando de pronto nos atrapa
un rapto de salud, ya la mirada
no tropieza, no queda pegoteada,
sino que levemente se encanta en los objetos
fijos y en el fermento y las imágenes
son succionadas, se deslizan
hacia adentro
como en el gato que entrecierra los ojos saludándome.

Los ruidos se disgregan: los gritos y sirenas
sencillamente están. La trama
harapienta de olores
acerca todas las distancias
y la memoria inventa los sonidos,
logra que la voz cante una canción
que avanza entre la multitud y el tráfico.

Y por cierto que habíamos nacido
para esta consonancia.
Pero viviendo en la ciudad hay siempre
aquí y allá un inesperado
hedor de frito
que te devuelve a casa.

  
[El cielo, 1981]

 
*


La pioggia mi riporta...


La pioggia mi riporta
i pezzi dispersi
degli amici, spinge in basso i voli
troppo alti, dà lentezza alle fughe e chiude
al di qua delle finestre finalmente
il tempo.


[Il cielo, 1981]


*

La lluvia me devuelve...


La lluvia me devuelve
los pedazos perdidos
de los amigos, trae
hacia el suelo los vuelos
demasiado elevados,
da lentitud a las huidas
y finalmente encierra de este lado
de los vidrios, el tiempo.


[El cielo, 1981]


*


Fra tutte le distanze la migliore possibile...


Fra tutte le distanze la migliore possibile
è quella di un tavolo di normale grandezza,
di ristorante per esempio o di cucina,
dove possibilmente io possa raggiungerti
ma in verità non lo farò.
E fuori la stessa luce di ieri, lo stesso azzurro
aprono altre distanze
e chiedo alla gentilezza delle nuvole
di intervenire, meglio grigie che bianche,
per svelare l’imbroglio degli azzurri
che fingono la grandezza, fingono l’infinito,
la luce effimera — la ladra.


[Il cielo, 1981]


*


De todas las distancias la mejor...


De todas las distancias la mejor posible
es la de una mesa de normales medidas,
de restaurante, por ejemplo, o de cocina,
en donde yo pudiera tocarte con mi mano
—pero realmente no lo haría—. Afuera,
la misma luz de ayer, el mismo azul
abren otras distancias
y a las nubes gentiles yo les pido
que intervengan, mejor grises que blancas,
para desentrañar los engaños azules
que fingen la grandeza, fingen el infinito,
la luz furtiva —esa ladrona.


[El  cielo, 1981]


*


Ti odio perché non ti amo piú...


Ti odio perché non ti amo piú,
perché non posso perdonarti
di non riuscire piú ad amarti.


[Il cielo, 1981]


*

Te odio porque ya no te amo...


Te odio porque ya no te amo,
porque no puedo perdonarte
ya no poder amarte.


[El cielo, 1981]


*


Certi giorni quando il cielo s’abassa...


Certi giorni quando il cielo s’abassa
e esco magari per fare la spesa
al mercato io trovo il cerchio caldo
della piazza, dove la luce non vola
ma devota s’acquatta in ogni oggetto
per rivelarne l’intimo colore.
Cerchio amoroso che impasta insieme il tempo
e la distanza, una melassa densa
cosí simile alla pasta del mio cuore
che io neanche entro, sono già dentro.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*


     Ciertos días, cuando el cielo se acerca...


Ciertos días, cuando el cielo se acerca
y tal vez salgo a hacer las compras
en el mercado, encuentro el cálido
círculo de la plaza:
allí la luz no vuela,
devota se agazapa en cada objeto
a revelar su íntimo color...
Aro de amor donde se mezcla el tiempo
y la distancia, una melaza densa
tan parecida a la sustancia de mi corazón
que ni siquiera entro, ya estoy dentro.


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*

Fuori di me in amore, pura di me stessa...


Fuori di me in amore, pura di me stessa,
necessità veloce, è questa la salvezza.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*


Fuera de mí, pura de mí, en amor...


Fuera de mí, pura de mí, en amor,
necesidad veloz, esta es la salvación.


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*


Non dipende da me...


Non dipende da me
riconosco che non dipende da me.
Dipendesse da me
sarei in felice completa dipendenza.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*

No depende de mí...


No depende de mí,
reconozco que no depende de mí.
Si dependiera de mí,
viviría en feliz, completa dependencia.


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*


Solo a sentire un verbo...


Solo a sentire un verbo
che mi sembri vero
sento corrermi il sangue
alla salvezza. Come tornare a casa
e ritrovare pietosa freschezza di lenzuola.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*

Tan sólo de escuchar un verbo...


Tan sólo de escuchar un verbo
que me parezca verdadero
siento correr la sangre
hacia la salvación.
Como volver a casa y reencontrar
la piadosa frescura de las sábanas.


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*


Mi si incaglia il respiro nel tuo viso...


Mi si incaglia il respiro nel tuo viso,
asma del mio dormiveglia.
Che io respiri finalmente sveglia!


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*

Encalla mi respiración...


Encalla mi respiración
en tu rostro, asma de mi duermevela.
¡Que al fin respire de una vez despierta!


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*


Ah smetti sedia di esser cosí sedia!


Ah smetti sedia di esser cosí sedia!
E voi, libri, non siate cosí libri!
Come le metti stanno, le giacche abbandonate.
Troppa materia, troppa identità.
Tutti padroni della propria forma.
Sono. Sono quel che sono. Solitari.
E io li vedo a uno a uno separati
e ferma anch’io faccio da piazzetta
a questi oggetti fermi, soli, raggelati.
Ci vuole molta ariosa tenerezza,
una fretta pietosa che muova e che confonda
queste forme padrone sempre uguali, perché
non è vero che si torna, non si ritorna
al ventre, si parte solamente,
si diventa singolari.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*

¡Ah, silla, deja un poco de ser silla!...


¡Ah, silla, deja un poco de ser silla!
¡Y ustedes, libros, dejen de ser tan libros!
Como los pones quedan, sacos abandonados.
Demasiada materia, demasiada identidad.
Y todos dueños de su propia forma.
Son. Son lo que son. A solas.
Y yo los veo uno a uno aislados
e inmóvil también yo sirvo de plazoleta
a estos objetos quietos y solos, congelados.
Hay que tener mucha ternura.
una prisa piadosa que mueva y que confunda
estas formas señoras siempre iguales,
porque no es cierto que se vuelve,
no se retorna al vientre, solamente
se parte, nos hacemos singulares.


[El yo singular propiamente mío, Poemas, 1992]


*


Era questa la madre che volevo...


Era questa la madre che volevo,
scura e malinconica
lontana dal mondo
ansiosa.
Parla poco e si mangia le parole.
Cada qualche volta e si rialza in fretta.
Era questa la madre che volevo,
scura dolorosa
zoppa
e ho lottato contro le sorelle
ho distrutto i fratelli
perché era questa la madre che volevo,
volenterosa ampia chiusa prigioniera.
Non volevo altra madre che questa,
capelli mal cresciuti che non trovano
forma né pace, la copia trasandata
di se stessa, sfatta di dolcezza,
l’unico lusso era la sua fuga
davanti allo specchio
mentre si vestiva.

Davanti allo specchio mentre si vestiva
lo sguardo le si divaricava
perduto in una immagine futura,
la prima ladra in lei riconoscevo
che mi rubava l’immagine sicura
e la portava fuori e regalava
quello che solo mio essere doveva.


[L’io singolare proprio mio, Poesie, 1992]


*

Era esta la madre que quería...


Era esta la madre que quería,
oscura y melancólica
lejana del mundo
ansiosa.
Habla poco y se come las palabras.
Se cae a veces, se levanta rápido.
Era esta la madre que quería,
oscura dolorosa
renga:
con mis hermanas he peleado
a mis hermanos he destruido
porque esta era la madre que quería,
voluntariosa amplia encerrada prisionera.
Sólo quería esta madre,
cabellos mal crecidos que no encuentran
forma ni paz, la copia descuidada
de sí misma, deshecha de dulzura,
único lujo era su fuga
ante el espejo
mientras se vestía.

Ante el espejo mientras se vestía
se dividía su mirada
perdida en una imagen del futuro,
reconocía en ella la primera ladrona
que me robaba la imagen segura
y la llevaba afuera y regalaba
lo que tan sólo mío debió ser.


[El yo singular propio mío, Poemas, 1992]


Versiones de Pablo Anadón



*


Patrizia Cavalli nació en Todi (Umbría), en 1949. Vive en Roma desde 1968, licenciándose en Filosofía en la Universidad de Roma. Ha publicado los libros de poemas Le mie poesie non cambieranno il mondo (Einaudi, Turín, 1974), Il cielo (Einaudi, 1981) y Poesie. 1974-1992 (Einaudi, 1992), donde se reúnen los libros anteriores más un tercer conjunto titulado L’io singolare proprio mioHa realizado traducciones de obras de teatro (el Anfitrión de Molière, La Tempestad y Sueño de una noche de verano de Shakespeare) y ha colaborado con la Rai con dos obras de radioteatro: La bella addormentata (1975) e Il guardiano dei porci (1977). Es autora asimismo de los textos narrativos Arrivederci addio (en Il pozzo segreto, al cuidado de M. R. Cutrufelli, Giunti, Florencia, 1993) y Ritratto (en Narratori delle riserve, al cuidado de G. Celati, Einaudi, 1992).



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