lunes, 31 de agosto de 2015

Carta a los amigos poetas



Carta a los amigos poetas

¿En dónde, dónde están, viejos amigos
De la vida? ¿Por qué tanto silencio?
Pensamos diferente, pareciera,
Sobre lo que es mejor para el país,

Pero esto, ¿es suficiente, mis amigos?
Estoy solo en mi casa, estoy pensando
En ustedes, y afuera pasa el tiempo
Que no vuelve, río abajo, en La Cañada,

Pasa la tarde, se oscurece el cielo,
Y las luces se encienden en las calles
Y en las ventanas, y también en lo alto
Brotan, una tras otra, las estrellas,

Como siempre, y escucho las campanas
De la iglesia vecina, como siempre
Suenan a esta hora, como si llegaran
Desde otra edad, tal vez la eternidad

Vuelta sonido, la inimaginable:
Yo en mi pequeño cuarto y mi pequeño
Instante de existencia, fumo y tomo
Café, ya saben, mis pequeños vicios

De siempre, en fin, que me acompañan
En el silencio y en la soledad
Para pensar, para sentir mejor
Y resistir al sueño y al vacío

Que llama desde el hueco en la ventana:
Y ustedes, mis amigos, ¿dónde están?
¿Qué ha cambiado en todos estos años
Que nos volvimos irreconocibles?

Hasta ayer nos unía la poesía,
Nos unían los días y las noches
En torno de una mesa, conversando
De esto y lo otro, de los hijos

Y los padres, del tiempo, del amor
Y los amores, de un amigo muerto
Y de otro vivo, del dolor y el gozo
De estar aún sobre la tierra y ver

Cómo se abren los brotes en las ramas
Y brotan en la tarde las estrellas
A la hora en que doblan las campanas,
De unos versos queridos ― de la vida,

En fin, y la poesía, nuestra vida:
¿Todo esto se ha perdido para siempre,
Todo esto ya no es más lo que solía
Ser, como entonces, como ayer, amigos?


P. A.
Córdoba, 31-VIII-15

domingo, 30 de agosto de 2015

Serguiéi Esenin

(Konstantinovo, 21 de septiembre de 1895, 
28 de diciembre de 1925, San Petersburgo)


Carta a la madre

[Dedico esta traducción, claro, a mi madre,
Olga Anadón, quien también ha pasado 
y pasa aflicciones por su hijo.]





Carta a la madre

¿Aún vives, viejecita mía? Yo
Vivo también. ¡Salud, tengas salud!
Que se difunda sobre tu cabaña
Por la tarde, inefable, aquella luz.

Me escriben que tú, en ansias,
Por mí te afliges mucho, y que al camino
Te asomas a menudo
Con tu raído, tu vetusto abrigo.

Entre la sombra azul crepuscular
Vislumbras una y otra vez la misma
Visión: en una gresca de taberna
Han clavado en mi pecho una cuchilla.

No es nada, madrecita. Despreocúpate:
Es sólo una penosa pesadilla.
No soy un beodo tan perdido: ¡Cómo
Moriré sin hacerte una visita!

Yo soy tan cariñoso como siempre
Y añoro sólo el sueño de que un día,
Ya curado de indómitas angustias,
Pueda volver a nuestra cabañita.

Volveré cuando esparza su ramaje
En primavera nuestro jardín blanco.
Sólo no me despiertes en el alba
Como solías entonces, hace ocho años.

No turbes lo que no pudo cumplirse
Y no recuerdes la ilusión perdida
Que muy pronto en mi vida me tocó
Saber de privaciones y fatigas.

Y no me enseñes a rezar. ¿A qué?
Ya lo antiguo jamás regresará.
Tú, mi solo consuelo, tú, mi amparo,
Tú, mi sola, indecible claridad.

Así que ya por mí no te preocupes
Ni tengas más congojas por tu hijo.
Y al camino no salgas tantas veces
Con tu raído, tu vetusto abrigo.

(1924)

Serguiéi Esenin

Versión de P. A.
Córdoba, 29/30-VIII-15


*


Письмо матери


Ты жива еще, моя старушка?
Жив и я. Привет тебе, привет!
Пусть струится над твоей избушкой
Тот вечерний несказанный свет.

Пишут мне, что ты, тая тревогу,
Загрустила шибко обо мне,
Что ты часто ходишь на дорогу
В старомодном ветхом шушуне.

И тебе в вечернем синем мраке
Часто видится одно и то ж:
Будто кто-то мне в кабацкой драке
Саданул под сердце финский нож.

Ничего, родная! Успокойся.
Это только тягостная бредь.
Не такой уж горький я пропойца,
Чтоб, тебя не видя, умереть.

Я по-прежнему такой же нежный
И мечтаю только лишь о том,
Чтоб скорее от тоски мятежной
Воротиться в низенький наш дом.

Я вернусь, когда раскинет ветви
По-весеннему наш белый сад.
Только ты меня уж на рассвете
Не буди, как восемь лет назад.

Не буди того, что отмечталось,
Не волнуй того, что не сбылось,—
Слишком раннюю утрату и усталость
Испытать мне в жизни привелось.

И молиться не учи меня. Не надо!
К старому возврата больше нет.
Ты одна мне помощь и отрада,
Ты одна мне несказанный свет.

Так забудь же про свою тревогу,
Не грусти так шибко обо мне.
Не ходи так часто на дорогу
В старомодном ветхом шушуне.

(1924)

Сергей Есенин

miércoles, 26 de agosto de 2015

Alejandro Nicotra


Esta piedra de cuarzo en el jardín








Esta piedra de cuarzo en el jardín

                                         
                                                                a Manchita, in memoriam


Esta piedra de cuarzo en el jardín,
sobre lecho de tierra
y alrededores verdes,
                           se parece a la luna
niña de esta mañana.
Y se parece a ti, por su blancura,
en tu noche, bajo ella.




Alejandro Nicotra

sábado, 22 de agosto de 2015

Serguiei Esenin
(1895-1925)

Adiós, amigo mío, adiós...







Adiós, amigo mío, adiós…


Adiós, amigo mío, adiós.
Querido mío, estás aquí, en mi pecho.
La fatal despedida
Promete, en el futuro, nuestro encuentro.

Adiós, amigo mío, adiós: sin un abrazo,
Sin palabras, sin ceño de dolor, sin tristeza
Que no es nuevo morirse en esta vida,
Ni vivir, desde luego, es cosa nueva.


Serguiei Esenin

(1925)


*


До свиданья, друг мой, до свиданья…


До свиданья, друг мой, до свиданья.
Милый мой, ты у меня в груди.
Предназначенное расставанье
Обещает встречу впереди.

До свиданья, друг мой, без руки, без слова,
Не грусти и не печаль бровей,-
В этой жизни умирать не ново,
Но и жить, конечно, не новей.


Сергей Есенин

(1925)


Versión de P. A.
Córdoba, 22-VIII-15


Alfonso Berardinelli

¿Finalmente somos todos poetas?
La deriva demagógico-populista sobre la poesía

 
[Alfonso Berardinelli en Alta Gracia, en el ¿2003?]

“La poesía está viva, viva la poesía”. Así el domingo pasado en la “Lettura” del Corriere della Sera sonaba el festivo grito dominical con el cual ha sido titulado un largo artículo de Paolo Di Stefano. El tranquilizador mensaje (copos de azúcar lanzados al pueblo de los poetas) era especificado en los subtítulos: el número y la calidad de los autores contradicen a los profetas de la catástrofe, hay “editores heroicos, los espacios están a salvo, los versos encuentran lectores, pero se ha perdido el diálogo entre las generaciones de escritores”.
Bien: primero la agradable mentira y luego, al final, una sencilla verdad: entre los muchos y solícitos poetas de hoy y los pocos poetas de ayer “se ha perdido el diálogo”, como decir que la continuidad se ha interrumpido y la que hoy llamamos poesía, en la mayor parte de los casos, tiene poco que ver con la que se definía como poesía ayer. ¿Ha habido tal vez una radical revolución formal? ¿Como la que un siglo atrás alejó la poesía del siglo XX de la del siglo anterior? No, ninguna revolución formal, sino una revolución social: el pueblo ha tomado el poder poético. Y viva, somos todos libres de crear, de expresarnos, de publicar. Con el derecho, además, de tener derecho (para decirlo con aquel retórico de Rodotà) de ser considerados poetas si lo deseamos poderosamente, si estamos firmemente convencidos de serlo. Sentirse poetas, lograr publicar, equivale al derecho de ser considerados poetas, “prescindiendo” de lo que hayamos escrito. Quien tenga algo que objetar sobre la sustancia (sobre la cualidad, el valor, el interés) es un profeta de la catástrofe.
El populismo en política tiene sus contraindicaciones, porque acaricia los deseos y los sueños de las mayorías. Tiene, sin embargo, buenas razones en todo sistema democrático en el cual el poder en teoría pertenece al pueblo. El populismo poético, en cambio, es sólo ridículo. Merecería una sátira surrealista (ah, ¡si los surrealistas existieran todavía!) o una escena de teatro del absurdo, en la cual aparezca un solo inocente lector perseguido por veinte poetas que reivindican el derecho de ser leídos por él… También en poesía está vigente ya una paradoja, como en todas partes en la sociedad: la pretensión de pertenecer a un club exclusivo que no obstante abre las puertas a todos.
Paolo Di Stefano escucha diversos pareceres y parece (parece) llegar una vez más a conclusiones optimistas. Uno puede quedarse a escucharlo, dudando o no. Pero las que cuentan son las cinco listas de poetas con sello timbrado y certificación otorgada por el Corriere. Paso por alto la primera lista, brevísima, la de los nacidos antes de 1930: Nelo Risi, Giampiero Neri, Giancarlo Majorino, Franco Loi. Aquí hay poco para objetar. Pero las cuatro listas que siguen contienen a 54 poetas. Son demasiados, pero también son pocos. Hace un año, según el crítico Alberto Casadei, los poetas en actividad eran 110, es decir, el doble (le escribí una cartita abierta, porque se había olvidado por completo de los 6 que yo publiqué en Scheiwiller: Carlo Bordini, Bianca Tarozzi, Riccardo Held, Giorgio Manacorda, Paolo Febbraro, Matteo Marchesini).
Nicola Crocetti, editor de la revista Poesia, habla de cómo acertar a los “valores auténticos” entre los “centenares de libros que salen”. Buen problema. Más aún, el único problema. Pero cada uno puede notar que hoy casi no hay crítico que se ponga de acuerdo con otro incluso si se deben individualizar sólo los diez nombres más seguros. Si se llega a los 54 (según Di Stefano), a los 64 (número caro a Cortellessa) o a los 110 (número elegido por Casadei), reina la confusión, pero tambalea también la demagogia poética-populista, porque el pueblo de los poetas excluidos incluso de listas tan generosas es al menos igualmente amplio cuanto la de los incluidos.
Sería divertido ejercitar el métido de la adivinanza. Un ejemplo: los Novissimi de la neovanguardia eran Giuliani, Pagliarani, Sanguineti, Porta, Balestrini. Entre éstos los poetas eran dos. Adivinen cuáles. Repasando las listas de los poetas nacidos después de 1930 y llegando a 1980, prueben de adivinar por cada década cuáles son los “valores auténticos” y cuáles los presuntos derechos poéticos, adquiridos por antigüedad o por “usucapión”. En lo que a mí respecta, poetas legibles no he encontrado más de 10 ó 12 dentro de 54. Adivinen cuáles son, procurándose un ejemplar de la “Lettura”, en su quiosco hasta el 15 de agosto.

P.S.: En cuanto a la legibilidad de los poetas, no es necesario hacerse los vivos. Se puede ser gramaticalmente claros, y sin embargo ilegibles, en el sentido de que, después de haber leído, la lectura resulta inútil. Hoy los poetas de lectura clara han aumentado. Se lee y no es que no se entienda: pero no se entiende por qué se dice de ese modo lo que se dice, desde el momento que leyendo vienen inmediatamente ganas de decirlo de otro modo, o no decirlo en absoluto. La ilegibilidad es esto.


[En: “Il Foglio”, 16 de agosto, 2015,
Traducción de P. A., Córdoba, 21-VIII-15]

jueves, 13 de agosto de 2015

Alfonso Gatto

LLORARÁ QUIEN NO LLORA




Llorará quien no llora


Desciende con los muertos en la noche,
va con todas las sombras de la infancia
la luz de casa en casa: sólo el mar está solo.
Llorará quien no llora, llorará…

Van por la lluvia las carrozas negras,
la niña de las flores contra el pecho
estrecha gritos y palabras muertas.
Llorará quien no llora, llorará…

En las casas dementes el terror
viste de seda azul a las chiquillas
con la luna a los pies, enamoradas.
Llorará quien no llora, llorará…

Ríen los moros enlutados con
el tajo seco de las bocas; muertas
hundidas en la estela de otros muertos,
las viejas en el fondo de las casas
desaparecen contemplando el blanco
mar de los años. Por el cielo enorme
donde pasa la luna solitaria
llorará quien no llora, llorará…

Y la sabiduría sin consuelo
es un sueño, que sea concedida
la esperanza a los hombres
como un llanto final sobre las cosas.


Alfonso Gatto

[De La cabeza en la nieve, 1943-1947]

Versión de Pablo Anadón


*

Piangerà chi non piange


Con tutti i morti scende nella sera,
con tutta l’ombra dell’infanzia il lume
di casa in casa, solo il mare è solo.
Piangerà chi non piange piangerà...

Dentro la pioggia le carrozze nere,
la bambina dei fiori stringe i gridi
chiusi nel petto e le parole morte.
Piangerà chi non piange piangerà...

Nelle case dementi la paura
veste di seta azzurra le fanciulle
innamorate con la luna al piede.
Piangerà chi non piange piangerà...

I saraceni ridono anneriti
al taglio secco delle bocche: morte
affondate sull’orma d’altri morti,
le vecchie al fondo delle case, il bianco
mare degli anni fissano sparendo.
In tutto il cielo ove la luna è sola
piangerà chi non piange piangerà...

E la saggezza sconsolata è un sogno,
che la speranza sia concessa all’uomo
come un ultimo pianto sulle cose.


Alfonso Gatto

[Da Il capo sulla neve. 1943-1947]