jueves, 24 de octubre de 2013

Dylan Thomas

In my craft or sullen art





En este oficio mío, o arte arisco


En este oficio mío, o arte arisco,
Que en las noches serenas ejercito
Cuando sólo la luna, sola, brama
Y los amantes yacen en la cama
Con todas sus tristezas en los brazos,
Junto a la luz que canta yo trabajo
No por el pan en pago, o la ambición,
Ni para traficar fascinación
Presumiendo en ebúrneos escenarios,
Sino sólo por el vulgar salario
De ese su más secreto corazón.

No para el hombre fatuo, indiferente
A la furia lunar, escribo versos
Sobre esta rota espuma de papeles,
Ni la encumbrada sombra de los muertos
Con ruiseñores y con salmos, sino
Para aquellos amantes, que en sus brazos
Estrechan las tristezas del destino
Humano, no dan loas ni salarios
Ni atienden a este oficio o arte arisco.


Dylan Thomas


[Versión de P. A.
Córdoba, 17-X-13]


*


In my craft or sullen art   


In my craft or sullen art   
Exercised in the still night   
When only the moon rages   
And the lovers lie abed
With all their griefs in their arms,
I labour by singing light   
Not for ambition or bread
Or the strut and trade of charms   
On the ivory stages
But for the common wages   
Of their most secret heart.

Not for the proud man apart   
From the raging moon I write   
On these spindrift pages   
Nor for the towering dead
With their nightingales and psalms   
But for the lovers, their arms   
Round the griefs of the ages,   
Who pay no praise or wages   
Nor heed my craft or art.


Dylan Thomas


jueves, 17 de octubre de 2013

La forma es el supremo contenido
(Una anotación nocturna)





También la técnica puede generar a la obra. Sin el descubrimiento de la perspectiva, por ejemplo, sería impensable el arte del Renacimiento; sin el endecasílabo y las formas importadas de Italia, no hubiera existido el Siglo de Oro español.

Descendiendo precipitadamente desde aquellas alturas, pensaba esto anoche, porque sin el deseo de usar mi lapicera nueva no habría escrito, casi como un ejercicio de caligrafía mental, las palabras del párrafo anterior en mi libreta, de donde ahora las transcribo: ¡hasta ese punto el instrumento, incluso material, puede estimular el poder asociativo del lenguaje, del pensamiento!

En el caso del arte en general, en efecto, como observó Rudolf Staiger y también dijeron Gottfried Benn y Paul Klee, “la forma es el supremo contenido”. En el caso particular de la poesía, es sabido que la fascinación del ritmo verbal, antes de tener incluso el tema y las palabras del poema, estuvo en el origen de “El cementerio marino” de Valéry, lo cual no implica que siempre sea así. La ambigüedad de la palabra, que por un lado es textura sonora y visual y por el otro es alusión conceptual, vuelve difícil toda simplificación.

Lo cierto, sin embargo, me parece, es que cuando la materia ígnea, magmática, de la experiencia alcanza su transfiguración estética, su punto de “cristalización” (tomo prestado el término de una carta que me escribió Horacio Castillo hace largos años), allí también “la forma es el supremo contenido”, y un verso puede volvérsenos inolvidable por su poder de sugerencia y sugestión, aunque no terminemos de agotar su sentido. Pienso ahora, por ejemplo, en aquel misterioso endecasílabo de Ricardo Jaimes Freyre, “Peregrina paloma imaginaria”, o en la siguiente estrofa de Valéry, que parece además ilustrar esa transformación de la existencia en la delicia verbal de la palabra poética:

Comme le fruit se fond en jouissance, 
Comme en délice il change son absence 
Dans une bouche où sa forme se meurt, 
Je hume ici ma future fumée,
Et le ciel chante à l'âme consumée 
Le changement des rives en rumeur.




[Córdoba, 17-X-13]